FIRMAS Salvador García

Machismo criminal. Por Salvador García Llanos

¡Ojo al parche! La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) acaba de descubrir la fórmula de la Coca Cola. Según los sesudos responsables que habitan ese organismo, que parasitan en sus lujosos despachos de maderas nobles y cristaleras con vistas a los más prestigiosos restaurantes, resulta que la solución al hambre está en manos de los humanos. Sólo basta con perderse en el bosque o en la selva y estar pendiente de los insectos que pululen por allí. Dicen estos expertos que se trata de una comida barata, nutritiva y, en algunos casos, hasta deliciosa.

Vamos, ya me veo yo colas propias de un concierto de Justin Bieber o de una oficina de empleo en España en torno a cualquiera de nuestras masas arbóreas en busca de degustar una oruga deluxe sobre lecho de frambuesas o, por qué no, una parrillada de hormigas con aroma de abedul gratinada sobre piel de oso. Tal vez, si su paladar ya alcanza límites de sibarita que trasciende a este mundo, tal vez opte por unos jugosos gusanos al petit tours con almíbar de veneno de serpiente.

Lo que en realidad hay que hacer es echarle el cierre a organismos tan poco útiles y escasamente eficientes como es la FAO y todo aquello que tenga que ver con Naciones Unidas. Muchos departamentos que tienen que justificar su permanencia o su fundación en base a una serie de estudios e informes que no valen absolutamente para nada. Ahora nos dicen que los insectos son una fuente de posible adquisición de calorías necesarias para nuestra dieta diaria, ¿se trata acaso de una broma, de un chiste que, tal vez, aquí, en el Planeta Tierra, no hayamos alcanzado a entender? Es que parece de traca.

Mientras los altos cargos de la ONU se ponen las botas en carísimos restaurantes o encargando brunchs de lujo a costa del dinero de los países, ellos luego aconsejan a los demás que se dediquen a la noble búsqueda de insectos por los bosques, Ya puestos, también podría recomendar que abandonemos nuestras comodidades, nuestros hogares y recuperemos la vieja costumbre de irnos a vivir en cuevas, cazar mamuts con armas rudimentarias, vivir directamente de lo que nos ofrece la madre Tierra y luego, cuando ya no quede nada que llevarse a la boca, pues a buscar nuevos asentamientos. ¡Menudos pajarracos estos de la FAO!

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