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Lánguida es lanadacotidiana. Por Eduardo García Rojas

Winslow M. Iwaki, Khaled Kouka, Rebeca Pérez RodríguezGuacimara Rodríguez, Fernanda Hernández Gutiérrez, Jaime Hernández, Alicia Rodríguez Reyes y Juan Carlos Padrón son los habitantes de lanadacotidiana, una película de Fátima Luzardo.

El pasado jueves, 30 de mayo, se estrena en TEA Tenerife Espacio de las Arte el primer trabajo como realizadora de Fátima Luzardo, lanadacotidiana, en una sala repleta de público pese a tratarse de un día festivo –en algún lado lo conocen como Día de Canarias– y pese a que el tiempo no acompañe a salir de casa.

Recuerdo que del cielo cae una tímida pero antipática lluvia, que la ciudad parece un desierto grisáceo y que pienso luego existo porque me toca citar a mi amigo René.

¿Merece la pena el esfuerzo?

¿Dejar lo que estuviera haciendo –nada– para encerrarme en TEA?

Las reacciones son contradictorias.

Encuentro en lanadacotidiana muchos de los vicios que arrastra el audiovisual canario que pretende asaltar a pecho descubierto: crónica, precisamente, de una nada hecha pedazos.

Una narrativa titubeante, una sensación extraña de que no sabe hacia dónde va. Buenas ideas que, lamentablemente, se quedan sin explotar.

Por otro, sí descubro cuidado en la producción, preocupación en la dirección de actores, mimo en el encuadre y una hábil e inteligente mirada sobre la ciudad. Entorno urbano que en lanadacotidiana casi tiene papel protagónico junto a los habitantes, más que personajes, que la transitan.

Es una película coral, con un caminante que sirve en algunos momentos de conexión involuntaria por algunas de las distintas situaciones que propone Luzardo.

Hay de todo un poco, un matrimonio en crisis, un anciano solitario que espera pacientemente su turno mientras almuerza en el que me parece el plano más conmovedor de la cinta; una mujer enferma, un hombre que cuida a una mujer mayor, un músico… Vidas errantes que se cruzan en ocasiones pero de las que apenas conocemos nada salvo su fatal resignación.

Es lanadacotidiana una historia de cuadros trágicos por la mediocridad que encierran los habitantes multiétnicos que la habitan. La ciudad, o ciudades –Santa Cruz de Tenerife y La Laguna– contribuye a alimentar esa sensación de dejarse aplatanar. Sensación que refleja muy bien una fotografía de tonos si cabe más fríos que los habitantes que se mueven por ella.

Este empeño por observar quita así nervio a escenas que podían haber resultado conmovedoras, aunque deja en el ánimo del espectador, al menos este fue mi caso, una sensación de frustración que debería de psicoanalizarme.

Como ópera prima, Fátima Luzardo pasa la prueba. Ahora bien, exige también conocer que será lo que vendrá a continuación en su nuevo itinerario como cineasta. Leo en algún lado que prepara un documental, espero sinceramente que le imprima el calor que necesitaba lanadacotidiana. Un trabajo que requería menos distanciamiento y más implicación emocional con los habitantes que pueblan el relato.

Con todos sus defectos, lanadacotidiana respira algunos momentos de inquietante verdad. Ya cité antes ese magnífico plano del anciano comiendo, sumido en su resignada soledad. También sabe ponerme la carne de gallina cuando observo al individuo que sirve de hilo conductor mientras contempla pasar una procesión o la conversación que mantiene el mismo hombre con otro en un mirador. Charla en la que parece que se rompen los muros de la incomunicación de una película que apenas explota sus posibilidades.

Resulta así lanadacotidiana de una desconcertante languidez.

Languidez no sé si voluntaria, pero perjudicial para los temas que maneja: la soledad, la decepción, lo inevitable, el carnaval de las relaciones…

… La condena de ser libres.

(*) La imagen está tomada del blog Algo que se parece a cine.

Saludos, si piensas debe ser que existes, desde este lado del ordenador.

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