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Los sónares desorientan a la Academia. Por Ramón Alemán

Los periódicos de Canarias publicaron hoy una noticia maravillosa: nueve años después de que el Gobierno español prohibiera el uso de sónares para maniobras militares en aguas de estas islas, los varamientos masivos de cetáceos han pasado a la historia. La información apareció en varios diarios, que se mostraron unánimes en cuanto al acierto de prohibir estos aparatos de detección submarina, que desorientan a las ballenas y a otros mamíferos. Donde se esfumó la unanimidad fue en el criterio a la hora de ponerle tilde o no a la palabra ‘sónar’, pero no es de extrañar: la Real Academia Española ha dado tantos tumbos con esta voz que uno ya no sabe cómo escribirla.

Antes de entrar en el meollo de la cuestión, aclaremos algo: la palabra ‘varamiento’ la usamos para referirnos a la acción y el efecto de ‘varar’, y ‘varar’ es aquello que hace una embarcación –no una ballena– que queda detenida en la costa por haber tocado la arena o las piedras del fondo; por otra parte, el adjetivo ‘masivo’ se aplica a las masas humanas, no a las animales. Pero cuando yo hablé ahora mismo de varamientos masivos de cetáceos ustedes me entendieron, ¿verdad? Pues sigamos.

La palabra ‘sónar’ –o ‘sonar’– es un acrónimo formado por los términos ingleses ‘SOund NAvigation and Ranging’ (la RAE no se aclara sobre si la ‘a’ viene de ‘navigation’ o de ‘and’, pero da igual). Esa frase significa ‘navegación y localización por sonido’, según la Academia, y ‘exploración náutica por medio del sonido’, según el ortógrafo José Martínez de Sousa, que prescinde de la palabra ‘and’ en la entrada que le dedica a esta voz en su Diccionario de usos y dudas del español actual (Ediciones Trea).

En esa misma entrada, el maestro gallego nos hace un resumen bastante sorprendente de los constantes cambios de criterio que han llevado a la RAE a quitarle y ponerle tilde a esta palabreja a lo largo de los años. Cuenta Sousa que la Academia la incorporó en 1970 a su diccionario como aguda, pero en la edición de 2001 la convirtió en llana. Sin embargo, el Diccionario panhispánico de dudas, también de la RAE y editado en 2005, volvió a la forma aguda. Otras dos obras académicas, el Diccionario del estudiante, de 2005, y el Diccionario esencial de la lengua española, de 2006, tampoco se aclaraban: el primero le puso tilde y el segundo no.

Esto no lo dice Sousa, pero lo añado yo: en el avance de la vigésima tercera edición del diccionario de la Academia, que se publicará el año que viene, se vuelve a proponer, como ya se hizo en 1970 y como sostiene el Panhispánico, la forma aguda (su plural es ‘sonares’). No es que me lo hayan contado los muchachos de la RAE; ustedes mismos lo pueden comprobar si escriben la palabra ‘sónar’ (con tilde) en la web www.rae.es y hacen clic donde se lee “Artículo enmendado”. Estos académicos son un poco veletas, ¿no creen?, pero supongo que sus razones tendrán para tanta volubilidad. O eso espero.

A pesar de que ahora rechaza la pronunciación como llana, la Academia reconoce en el Panhispánico que esta es “más acorde” con la de la palabra original en inglés, y ese es precisamente el argumento en el que se apoya Sousa para afirmar que la forma grave (su plural sería ‘sónares’), y no la aguda, es la más recomendable en español. Dice el ortógrafo que esta es la grafía idónea “no solo por su origen […], sino porque permite diferenciarla del verbo ‘sonar’”. Parece un razonamiento lógico.

En todo caso, siempre nos queda una tercera vía: ¿qué tal si damos por buenas ambas formas? Eso ya ocurre con palabras como ‘video’ y ‘vídeo’, ‘periodo’ y ‘período’ e incluso ‘diabetes’ y ‘diábetes’. Esta grafía esdrújula, que en España nos puede resultar muy rara, se emplea con total naturalidad en algunos países de Hispanoamérica, especialmente en Venezuela, y ese curioso uso lo recoge Sousa en la obra antes citada.

¿Quién está de acuerdo conmigo en cuanto a la doble grafía? Pues doña María Moliner…; bueno, en realidad están de acuerdo los autores de la tercera edición de su famoso Diccionario de uso del español (Gredos), que proponen como mejor solución la libertad: el que quiera, que la escriba con tilde, y el que no, que se la quite. ¿Ustedes qué harían? Y no me digan que obedecer a la RAE, porque a saber de dónde soplará el viento cuando los académicos comiencen a redactar la siguiente edición de su diccionario…

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