FIRMAS

Dignidad. Por Joaquín Hernández

En su Metafísica de las Costumbres, Immanuel Kant atribuye un rol determinante a la noción de dignidad humana o de humanidad, entendida como fin en sí. Por ejemplo, aunque él afirma que una persona puede perder su estatuto cívico o su dignidad de ciudadano cometiendo delitos graves, Kant sostiene que esta dignidad no puede privarse a ningún ser humano. Añade que practicando la mentira y la calumnia la persona obra de tal modo que ofende la dignidad de los otros.

Todos los pasos de la humanidad han ido dirigidos  por y para la dignidad del ser. Tanto en la Carta de los Derechos Humanos, como en todas las Constituciones de los países del planeta Tierra, incluida la española,  todos sus artículos y enunciados van unidos directamente a lograr la plena dignidad del hombre y mujer.

Pese a esas intenciones, hoy nos encontramos que son los propios Estados, aquellos que  pisotean, degradan y apalean ese grado de dignidad conseguido a través de los siglos.

La secta política, formada por partidos que sirven como guaridas donde se refugian  “delincuentes legales”, donde exhiben las diferencias entre sus privilegios y las del resto del pueblo que dicen representar. La dignidad del ser humano es inviolable. Su cuidado y protección es obligación de todos los poderes del Estado. Paradójicamente es el propio Estado de Derecho y Democrático el primero en violar, en lugar de proteger, de velar por esa inviolabilidad  de la dignidad. Es  el primero, sin importarle las leyes que ellos mismos dictaron, que atenta con alevosía y premeditación contra ese precepto básico cual es el derecho fundamental al honor.

Cuando un Gobierno, pretendiendo ayudar a las entidades financieras, se endeuda y con ello hipoteca a todo el país recortando presupuestos en la sanidad, educación, cultura, deportes, etc., atenta gravemente contra la dignidad de su pueblo.

Cuando el presidente de de un Gobierno llega al poder con fraude electoral, engañando, estafando a sus votantes, atenta gravemente contra la dignidad de su pueblo.

Cuando invadido por el “déficit” del Estado, un Gobierno hace leyes en contra de los trabajadores reduciendo sus derechos, atenta gravemente contra la dignidad de su pueblo.

Cuando la Justicia actúa en contra del menos favorecido a favor del más poderoso, cuando interpreta la ley de forma injusta, atenta gravemente contra la dignidad del pueblo.

Cuando las fuerzas de seguridad del Estado reprimen salvajemente el derecho a manifestarse libremente, maltratando, humillando y vejando a las personas, atentan gravemente contra la dignidad del pueblo que representan.

Cuando el desempleo sigue siendo el denominador común de una sociedad y el Estado no actúa con diligencia y eficacia para solucionar el drama del paro obrero, atenta gravemente contra la dignidad humana.

Cuando se crean leyes para beneficio de oscuros intereses financieros, se decreta en contra de la mínima justicia social y se deja al albur a cientos de miles de familias abocadas a la miseria perdiendo su hogar, esos gobernantes atentan gravemente contra la dignidad del ser humano.

Cuando se traiciona el juramento a defender la Constitución, al país, a los españoles, arrodillándose a consignas e imposiciones que son contrarias al desarrollo y sostenibilidad del Estado, se atenta gravemente contra la dignidad del pueblo.

La Ley contempla penas de cárcel para aquellas personas que amparadas por el poder conseguido, con o sin engaños,  lo utilicen para degradar la dignidad y el honor del ser humano. La Justicia si fuera justa, equitativa e igualitaria para todos, actuaria en contra de tanta barbarie cometida cuando se vulnera el primer derecho fundamental de la persona, cual es salvaguardar su honor y su dignidad.

 

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