FIRMAS Marisol Ayala

Invisible red ciudadana. Por Marisol Ayala

Ni siquiera ellos sabían el riesgo que corrían. Son dos hermanos de 60 y 67 años, uno de ellos enfermo mental y otro sin el más mínimo manejo para defenderse en la vida. Viven desde hace muchos años, cerca de 45, en una casa del Estado, ahora mismo tutelada por el ministerio de la Vivienda. En los últimos diez años han recibido centenares de cartas reclamándoles alquileres, agua, luz, contribución y ellos, que como digo tienen un grado de deficiencia además de un analfabetismo manifiesto, decidieron que esas cartas no solo no se tenían en cuenta sino que las guardarían en una caja y ya está. Problema resuelto.

Desahuciados
A la calle

No sabían que el apremio de la administración era cada vez mayor; lo cierto el que el tiempo ha pasado, la deuda se ha ido incrementando hasta alcanzar unos niveles respetables. Aun así, en silencio, con discreción, trabajadores del área de lo servicios sociales se empeñaron en ayudarles, en tramitarles ayudas que les impidieran verse en la calle, desahuciados por una deuda a la que no atendieron durante años.

Eran carne de desahucio porque los dos hermanos tenían todos los boletos para comenzar a rodar de casa en casa, de residencia en residencia, sin rumbo, separados…Cómo de mal será el manejo de sus vidas que esas mismas personas supieron hace un año y pico que la administración les había enviado una carta urgente en la que les comunicaban que con alrededor de 3000 euros la deuda quedaba saldada, la casa sería escriturada a su nombre y nada más. Pero ellos, analfabetos, embrutecidos, no hicieron caso. Me consta que en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria hizo un esfuerzo grande para evitar que estas dos personas que viven en la ciudad protegieran su techo que como digo no es propiedad municipal. Paralelamente, y de ahí la red ciudadana de la que hablo, unas dos, tres, cuatro personas, no más, tocaron las teclas necesarias, al margen incluso de Stop Desahucios para no montar la carajera a destiempo, estuvieron pendientes del destino de estas dos personas a los que cuando trataban de hacerles ver un “es que pueden echarles de la casa…” su respuesta siempre fue “…no pueden; aquí hemos vivido siempre”. Ya estaba incluso señalado el desahucio y andábamos alerta para, de producirse, poner toda la carne en el asador; sin embargo, dos o tres días antes se supo que el trabajo callado, eficaz y de compromiso llevado a cabo por quienes estaban en la resolución del problema había tenido sus frutos. “Paralizado el desahucio por la incapacidad de los afectados”, me dice un wasap.

La administración del Estado tuvo en cuenta que echar a la calle a dos ancianos, enfermos y sin medios, era una barbaridad. Ellos, los dos, celebraron con razonada alegría la decisión pero quienes de verdad brincaban en una pata fueron quienes decidieron hacer guardia desde la distancia para controlar por dónde caminaba el expediente de estos vecinos. A eso llamo una red ciudadana eficaz y comprometida, cada vez más necesaria en los tiempos que vivimos. Da rabia no poder mencionar a quienes hicieron posible que los dos sigan en su casa pero se impone la discreción.

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