FIRMAS Salvador García

Unidos hacia el futuro. Por Salvador García Llanos

En la búsqueda de mensajes positivos, de estímulos para el ejercicio de la profesión, aparece este de Elsa González, presidenta de la federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE): “El futuro del periodismo no peligra si queremos conservar nuestra democracia”.
Y cuantos sabemos apreciar los valores de la convivencia, cuantos conocemos la importancia de la libertad de expresión y del pluralismo en la sociedad de nuestros días, hallamos en esa frase de Elsa González otra razón más para seguir luchando por tales factores, ahora que hay que seguir soportando elusiones de responsables políticos, telecomparecencias, convocatorias sin preguntas, menosprecios, desplantes y hasta acciones judiciales orientadas claramente a menoscabar la moral y la capacidad de resistencia del periodista. Todo eso, por no contar los males inherentes al sector y a la profesión.
Pero la democracia es cosa seria, más en los tiempos que corren, cuando se desmantela el estado de bienestar y cuando, por los motivos que sea, merman los derechos individuales o colectivos. Por ello es importante que el periodismo se mantenga vivo y dinámico de modo que sea decisivo en la plasmación de la libertad de prensa pues ésta “es un testimonio vivo de la sociedad pluralista y democrática”, tal como afirmó la presidenta de la FAPE, “pese a que los periodistas nos hallamos en busca de autor. Buscamos modelo mientras caminamos”.
Y es que, en efecto, soplan vientos desfavorables. A la crisis traducida en cierre de empresas, desaparición de cabeceras y destrucción de empleo hay que unir la tremenda incertidumbre que envuelve una importante parte del sector: la prensa escrita, concretamente. ¿Resistirán las ediciones impresas? Es la gran pregunta que flota en todos los debates sobre las inagotables capacidades de las nuevas tecnologías, en los consejos de administración de editores que examinan con pavor las cuentas de resultados y en las mesas de trabajo de las firmas publicitarias que tienen cada vez más dificultades en la captación de nuevos recursos y nuevos mercados.
De ahí que las palabras de Elsa González revistan una notable importancia. El periodismo tiene que seguir siendo útil a la democracia. Y la democracia habrá de valerse del periodismo para no sufrir sobresaltos intempestivos. O para no verse en peligro, sencillamente.
Cierto que estamos ante un empobrecimiento galopante de la profesión, luego hay que hacer todos los esfuerzos posibles para reactivarla y robustecerla. Los propios periodistas siguen caminando y tendrán que cargar baterías y esmerarse en todo un ejercicio de imaginación, primero para lograr la excelencia en el desarrollo de sus aptitudes y habilidades; y después para incursionar las dos vías que traza el porvenir: el autoempleo y la especialización.
La democracia espera respuestas claras del periodismo en ese sentido. A ambas partes les va el futuro en ello.

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