FIRMAS Marisol Ayala

Las bragas de la Pantoja y la meada de Muñoz. Por Marisol Ayala

Viendo las imágenes más que difundidas de la Pantoja desvanecida en el sillón trasero de su coche, con las bragas fuera de sí, como su cabeza, el cuerpo desmadejado, vencido, su coleta alborotada, su llanto y su cara desencajada, como rendida, me vino a la memoria una imagen que, van a perdonarme, asocio al inicio de la decadencia de esa tropa.

La famosa meada de Julián Muñoz, su ex-novio, los besos sudorosos de la pareja en aquel histórico Rocío escenificando ufanos, divertidos, cantarines y felices ante las narices de la prensa del corazón, su amor eterno.

Julián Muñoz, orinandoJulián Muñoz, orinando

En aquel escenario cuyo cutrerío se daba de bruces con el buen gusto, al alcalde/camarero/ladrón/golfante de Muñoz se le activó la próstata y, ni corto ni perezoso, se retiró unos metros –a tiro de cámara- y echó una gran meada en medio del campo. Como un machote. De eso me acordé cuando esto días vi la imagen.

Esa fue para Julián su gran meada y con el tiempo para ella, todo el proceso, la gran cagada. Que poco dura el contento en la casa de los chorizos, que poco. No obstante, hay que reconocerle a la Pantoja un mérito que nunca resaltamos lo suficiente y que en tiempos de crisis hay que mencionar y es momento es de hacerlo; La viuda hortera de la España del “sí se puede, sí se puede” ha mantenido año tras año a toda una plantilla de plumillas del corazón animados con frases como “dientes, dientes, que eso es lo que les jode…” o “¡…no me vas a grabar más…! ¡no me vas a grabar más…!”, además de mil lindezas de pobre diablo adicta a las cámaras y a las pelas. Debe ser cierto porque solo así se entiende que Isabelita haya pretendido engañar a quienes ya tienen acreditado de qué manera mi gitana blanqueaba el dinero de su amado y fue haciendo una pella, golpe a golpe, beso a beso, ingreso a ingreso, de cuya actividad delictiva, dice, nunca supo su procedencia. Y claro, ante tanta ingenuidad el grito de “¡¡¡Shupaora, Shoriza..!!!” estaba cantado. Loca de amor dice que estaba la Panto por el ex camarero de pantalón de cuello alto. Y dos piedras. Pasó que ella se hizo la coja para que la cargaran hasta que, claro, su portador comenzó a cojear, primero de una pata y finalmente de las dos y cayeron con todo el equipo.

Los ex-novios, calientes a 40 gradosLos ex-novios, calientes a 40 grados

La célebre, aliviadora y provocadora meada del señor alcalde se fundió con el calentón de su esposa, La Zaldívar, quien despechada observó que en la frente le salía algo parecido a unos cuernos. Y lo dijo, no que va. Como un rayo la mujer empezó a ganar dinero en los platós y tanto se enroló que un día –recuerden aquella intervención televisiva como el principio del fin de los tres- entró en directo en un programa de televisión del tres al cuarto, no de hora estrella ni nada, y gritó caliente que “¡¡Sí, mi marido está con la Pantoja..!!”. A la enrabietada Zaldívar le pareció poco la primicia que después la mujer que era flaca y ahora es gorda se sentó ya maquillada en un plató y entonces –todavía no manejaba el medio – habló con naturalidad de “aquellas bolsas de basura llenas de billetes que mí Julián”, concejal por entonces del Ayuntamiento de Marbella, “traía a casa”. Esa fue, querida amiga, otra gran cagada; ya todos cagados y todos meados de ese hilo tiraron los jueces para comenzar la investigación. Si en un principio se pensó que el despecho de Zaldívar se centraría en la cornamenta y en poner a caldo a “la otra”, la Panto, “a la que tan bien atendí en Marbella” cuando el Ayuntamiento decidió que la tonadillera fuera la cara (y tanto que fue la cara, y menuda cara….) del municipio, las cosas dieron un giro; tanto se le soltó la lengua a la mujer que ella misma compró soga y se ahorcó solita; la policía empezó, púm, púm, púm a tirar del hilo y uno tras otro, La Pantoja, La Zaldívar, y el Julián el meón, acabaron detenidos, acusados y condenados. En ese escenario de cutrerío, con famosillos que despreciaban y le tiraban los micros a los informadores, eso de meter el dinero en bolsas de basura viene como anillo al dedo a la estética de este trio calavera que también ha contado con palmeros que les jaleaban según sus intereses.

La España cutre, cañí, delincuente, marbellí, ha vivido estos días el peor escenario posible. Pero seamos agradecidos porque gracias a ellos tres, y a su vez al personal de confianza de sus casas, es decir, jardineros, chófer, señora de la limpieza, amigos, vecinos, etc., han dado de comer durante años a la prensa descuartizadora contando las intimidades de todos ellos. Hagan cuenta; lo han vendido todo, han sido utilizados por las cadenas televisivas a cambio de un “paquete” que incluía obscenas intimidantes y hasta unas campanadas de fin de año a cambio de mejor trato. Pero ya ven. Los primeros que le saltaron a la yugular, la dejaron en bragas y la mandaron a mear, fue esa prensa amiga que la humilló sin piedad. La fama tiene estas cosas; no dura siempre y no siempre garantiza el respeto. Es evidente que con la tonadillera, no.

Último párrafo para mostrar mi repulsa por el trato, cercano al linchamiento, de que fue objeto Isabel Pantoja al salir de juzgado después de escuchar una sentencia que la condenó y con la que podemos estar o no de acuerdo pero de ahí a la imagen que hemos visto, hay un trecho. No entiendo por qué a Urdangarín se le protegió hasta en el más mínimo detalle con el fin de que la prensa no se acercara a su larga figura y en cambio a la Pantoja la pusieron a los pies de los caballos, a merced de una prensa buitre que año tras año, mes tras mes, ha calentado el ambiente para llegar hasta donde ha llegado. La desprotección policía muy bien pudo propiciar un grave percance en medio del tumulto. Y es que una cosa es una cosa y dos cosas son dos cosas.

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