FIRMAS Salvador García

Cada cosa, a su tiempo. Por Salvador García Llanos

Ha sido directo y ha hecho bien Alfredo Pérez Rubalcaba al afirmar que el PSOE, en estos momentos, no está en eso, en su sucesión, deseada por un montón de gente, tanto dentro como fuera de la organización. El propio secretario general seguro que es consciente de esa demanda: no acompañan las impresiones y las percepciones de los ciudadanos, pese a la oposición constructiva, consecuente e inteligente que viene desplegando. Puede más, pesa mucho más el pasado, ese que no se perdona en tiempos de crisis.

Es tentador hacer la agenda de un partido político pero se supone que los dirigentes y los estrategas de éste saben manejar los tiempos. La respuesta de Pérez Rubalcaba está en consonancia con esa idea: ahora, cuando arrecia la crisis, cuando la ciudadanía española necesita de soluciones, alternativas y esperanzas, cuando son otros los apremios a los que desde la oposición -y desde las instancias gubernamentales de que se disponga- hay que dar adecuada respuesta, no se puede estar con debates o ni siquiera eso, con pugnas nominalistas que proyectan una imagen muy negativa.

Claro que es la pugna que alimentará el derechío mediático, el más interesado para desviar la atención de otros frentes complicados a los que no quiere ni sabe dar respuesta ante la avalancha de evidencias. En esa pugna le será fácil revolver el patio, fomentar el cisma, revolver el pasado, averiguar lastres, decantarse aparentemente y, al final, como ya ha ocurrido en algunos programas de opinión, valorar a los posibles candidatos en función de su aspecto físico o estético. Deplorable.

Deberían los socialistas no contribuir a esa ‘revoltura’, a ese patio que algunos presentarán como incontrolado, desmoralizado e irreconducible. Está bien que haya más de un aspirante, que se den a conocer, que se contraste su valía en función de programas o ideas… Eso es saludable. Refleja, teóricamente, la riqueza de cuadros, la pluralidad de opciones. Pero cada cosa a su tiempo: participar o prestarse a maniobras dilatorias puede proporcionar resultados indeseados.

Ahora, lo que toca es seguir fiscalizando una decepcionante gestión del Gobierno, presentar alternativas que permitan fraguar soluciones que sean factibles y favorezcan la recuperación de la credibilidad ciudadana. Es cuestión de paciencia y de perseverancia, virtudes muy válidas cuando desde fuera se intenta marcar un rumbo por razones que saltan a la vista.

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