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Hacen falta más colectivos como Adfilpa en este mundo. Por Jafet Barreto

Recientemente, la Asociación de Discapacitados Físicos de la Isla de La Palma, Adfilpa, realizaba su tradicional cena con la que pretenden, año tras año, captar alguna que otra aportación para continuar, así, haciendo «malabares» con los números y, además, atendiendo las deficiencias que presenta el sector de la discapacidad en la actualidad.

Nadie cuestiona que, el asociacionismo es fundamental para vertebrar el tejido de la sociedad, su acción llega a todos los rincones, inclusive, a aquellos lugares tan remotos, presta atención a los «ninguneados» por las propias instituciones y auxilia, en definitiva, a las personas que no se sienten representadas, ante la nula cobertura recibida por los entes públicos. Por todo ello y, aprovechando estas líneas, ensalzo la impagable labor que, esta asociación, realiza por fomentar la integración, la convivencia, los derechos de todas las personas con discapacidad física. Gracias a personas como su presidente, Miguel Ángel Rodríguez, así como a su vicepresidente, Andrés M, y todas aquellas que, entre equipo técnico y centenares de colaboradores y voluntarios, trabajan diariamente a destajo, entendemos que no es la discapacidad lo que hace difícil la vida, si no los pensamientos y acciones de los demás.

He de reconocer que siempre me ha llamado bastante la atención lo siguiente o por lo menos me ha invitado, en más de una ocasión, a la reflexión y es que, todos los partidos políticos, todos, en los programas electorales con los que concurren a las diferentes citas electorales, no se cansan en «dedicar» unas cuantas líneas «mágicas», precisamente, al sector de la discapacidad pero, una vez llegan al sillón, no se acuerdan de lo prometido y algunos, inclusive, parecen que hasta se creen, «limpios de polvo y paja», con acudir a una cena y pegarse un plato de paella. Un símil muy parecido al que le ocurren, por ejemplo, a los ganaderos. Los políticos visitan sus explotaciones ganaderas, se sacan su respectiva foto para su notita de prensa y, dicho sea de paso, si consiguen un quesito gratis o un cabrito, cortesía del ganadero al que visitan, en el mejor de los casos, cada cuatro años, pues les salió el viaje «más que rentable».

Resulta incomprensible otro hecho. En nuestro Estado, con una cantidad innumerable de Leyes en defensa del sector de la discapacidad, la casta política no establece, aún, suficientes mecanismos que, precisamente, hagan que las propias leyes no caigan en saco roto, entren en el campo del vacío legal o en el de la laguna jurídica.

Comprobareis como se hacen pisos con rampas imposibles de usar, o con un escalón en la entrada y los venden como acesible, ¿por qué se permite? porque no hay nadie que se dedique a controlar que esas leyes se cumplan. Se hacen baños adaptados a discapacitados y te los hacen inaccesibles o mal adaptados, y encima con subvenciones, ¿nadie controla? Al realizar un bloque de pisos, edificio público, te exigen en el proyecto una rampa, y la hacen, pero ¡qué rampa!… ¿y nadie lo controla? Hacen aparcamientos reservados a minusválidos y casi siempre están ocupados por coches que o bien no son de discapacitados o tienen una tarjeta falsa de accesibilidad fotocopiada en color, ¿nadie controla este hecho?

Nadie está exento de sufrir una discapacidad a lo largo de su vida, si nos preocupáramos en pensar que, esa persona con discapacidad, quizá pueda ser yo mañana o que, sus necesidades podrán ser las mías, este mundo, este país, este pueblo empezaría a ser otro.

 

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