FIRMAS Salvador García

Atento y solícito. Por Salvador García Llanos

Era tan atento como solícito pero se ganó a pulso otros muchos adjetivos, incluso alguno no tan favorable, motivado por ese afán de querer que todo estuviera al primer nivel y saliera mejor ejecutado. Vivía de cerca, en primera persona, lo que preparaba con celo. Observador y amante de las formalidades, disfrutaba con la liturgia y la ceremoniosidad.

Así recordamos a Samuel Ramírez Santana, fallecido ayer, tras nuestro paso por el gabinete de alcaldía del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Él ejerció de jefe de protocolo, tarea en la que se esmeró fuese cual fuese la naturaleza del acto convocado. Trabajador, muy dinámico, le gustaba adelantarse, de modo que disfrutaba en los preparativos, con guiones, expedientes, documentos de prueba, modelos de invitaciones, pendrive, imágenes, diseños, nuevas tecnologías y llamadas telefónicas.

Ese era el verdadero Samuel, la persona que mantenía un ‘no’ cuando estaba seguro de que le asistía la razón y no había alternativa pero que también se esforzaba en hallar una salida al problema que se presentaba. Cierto que parecía no haber término medio en esas situaciones, que hasta podía levantar asperezas y resultar algo hosco, pero siempre procuró obrar con criterios profesionales de modo que nadie se sintiera desmerecido ni desconsiderado.

Trabajó con denuedo para cada una de las celebraciones del acto de entrega de honores y distinciones. Asumió no sólo la organización del acto de inauguración sino la coordinación del traslado de órganos y departamentos municipales a la sede de Santa Ana. Suya fue también la idea de las visitas en fechas y horarios no laborales. Se encargó de que las convocatorias motivadas por determinadas fechas estuviesen siempre bien dispuestas. Las visitas de autoridades, la celebración de congresos y hasta los preparativos de las sesiones plenarias tenían un inconfundible sello de Samuel, excelente conocedor, por cierto, de la geografía municipal.

Su empeño, como el de tantos otros, era que Las Palmas de Gran Canaria fuese declarada Capital Europa de la Cultura 2016. No resultó pero él, integrado en aquel equipo que volcó tantos esfuerzos, fue de los primeros en ponderar el trabajo realizado y la exaltación de los contenidos ofertados. Su papel de aglutinador de la respuesta social e institucional fue notable.

Un profesional valioso, siempre predispuesto para la labor cotidiana y para las grandes solemnidades, que prestó luego sus servicios como director de gabinete a Jerónimo Saavedra Acevedo desde que éste fuera elegido Diputado del Común. En ese destino volvió a acreditar su capacidad, su entrega y su bondad.

Por tantas cualidades será recordado.

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