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MARKETING Y PUNTO. El mejor nombre para una marca. Por Carmen Perera

Una de las decisiones más importantes a las que todo emprendedor se enfrenta alguna vez es la que afecta a la elección del nombre de su marca. ¿Cómo llamamos al chiquillo? Porque puede parecer sencillo, hay quien “le pone un nombre y ya está”, pero si somos buenos profesionales no lo abordaremos de este modo, debemos pararnos a pensar cuál será la misión de aquel nombre.

Una marca es algo más que un nombre. Es lo que permite identificar formalmente un producto (o servicio) para diferenciarlo de los demás en un mercado. El nombre escogido puede ser más bonito o más original, pero es importante que lo pensemos como la base para la comunicación del producto; tengamos en cuenta que desde una perspectiva de marketing la marca es un instrumento de apoyo a la estrategia comercial.

Por un lado, sirve para que nuestros potenciales clientes puedan distinguir nuestro producto, pero también para la identificación de la empresa que está detrás de aquel producto. Por otro lado, es un medio de protección legal; la marca se registra con el fin de que los competidores no puedan utilizar el mismo nombre para aprovecharse así del prestigio que éste pueda tener.

Tengamos muy presente que el nombre elegido contribuirá, positiva o negativamente, a la aceptación de la marca y con ella, del producto. Por tanto, deberíamos dedicarle algo de tiempo al proceso de toma de decisión porque, como ocurre cuando elegimos el nombre de un hijo, debemos hacerlo pensando que le acompañará durante muchos años y que, sin duda, marcará su personalidad (en el caso del producto, su personalidad comercial).

Entonces, ¿cómo lo hacemos? Debería ser una palabra con un sonido agradable, sin dobles significados que puedan ser peyorativos, fácil de reconocer y recordar y, si tenemos prevista una difusión internacional, no debería presentar grandes dificultades de pronunciación. Pero no existe una fórmula mágica: puede ser un nombre (Juanito), el apellido del empresario fundador (Herrera), un término relacionado con el producto (Diario de Avisos), un número (El 99), unas siglas (JSP), una palabra sin significado específico (Kalise)…

Y ya no les digo nada si consiguen que su marca se convierta en un genérico aceptado socialmente: qué satisfacción deben sentir los empresarios que hay detrás de estas marcas cuando nos oyen pedir un kleenex en lugar de un pañuelo de papel, conducimos un jeep sea cual sea la marca del todoterreno, o ponemos al niño un dodotis en vez de un pañal… esto puede ser un gran éxito para una marca, sin embargo no está al alcance de cualquiera.

Si no somos especialmente creativos, deberíamos dejarnos asesorar por un experto en naming, él sabrá darnos pautas para una buena elección.

* Carmen Perera es consultora de marketing

consultoria@carmenperera.es

 

 

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