FIRMAS Salvador García

La agonía del pequeño y mediano comercio. Por Salvador García Llanos

Hace años que se ha convertido en un sonsonete monocorde pero no puede negarse que la crisis golpea, y con dureza, al pequeño comercio. Primero fue la renovación de las estructuras comerciales, derivada de todo el libre mercado y de las reglas marcadas en organizaciones, países y tratados. Luego, los consumidores y sus exigencias. Finalmente, la aparición de medianas y grande superficies, de más liberalismo comercial, del empuje imparable de multinacionales y centros comerciales.

La pequeña y mediana empresa fue cediendo y cediendo. Imposible competir. Aquella convicción consolidada –especialmente en Canarias- de que quien no hiciera carrera o no encontrara trabajo en el turismo tenía como solución el local de la familia para montar cualquier cosita, desde una tienda de lencería a un bazar de artículos variados o una juguetería o una agencia de autorepuestos ha ido perdiendo peso hasta casi evaporarse del todo. Así abundan los locales cerrados, no sólo en ciudades sino en pueblos y localidades de unos miles de habitantes.

Nadie ha dad con la cura: los programas de los partidos políticos se han llenado de intenciones pero luego no llegaron las soluciones. En las instituciones, gobernadas por cualquier signo político, menudearon planes, integrales, parciales o específicos, pero poco operativos todos. Todo lo más, en algunos municipios, la solución ha sido ocupar la calle, sacar postaleros, muestrarios o tinglados para producir un reclamo, a veces más poderoso que el mismo género que se vendía en el interior. Y es que, en efecto, una buena parte de la crítica al inmovilismo se enfoca desde la falta de iniciativa o de imaginación para modernizar, para iluminar, para hacer escaparates atractivos o para renovar. Tanta pasividad, seguro, ha acelerado muchos cierres. Ni la fórmula esa Zonas Comerciales Abiertas instaurada en varias localidades parece haber producido efectos positivos.

Si la crisis no distingue, menos consideración iba a atener con los más débiles y con quienes han venido estando condicionados por las circunstancias anteriores. A menor poder adquisitivo, disminución segura del consumo: no le demos más vueltas. Pero los datos de días pasados son muy preocupantes: las ventas del comercio al por menor bajaron en febrero un 10,6% comparado con el mismo período del año pasado, ampliando en casi dos puntos la caída interanual registrada en enero (8,85). Ya son treinta y dos meses de descensos interanuales consecutivos, de acuerdo con la información del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Además, por modos de distribución, todos ellos redujeron sus ventas en febrero, especialmente las empresas unilocalizadas, donde disminuyeron un 13%. En las grandes superficies las ventas bajaron un 11,1% en tasa interanual, mientras que en las pequeñas cadenas el descenso de las ventas fue del 11,5% y en las grandes cadenas, del 4,1%. En tasa mensual (febrero sobre enero), las ventas del comercio minorista, corregida la estacionalidad y el efecto calendario, aumentaron un 0,6%, cinco décimas menos que en enero.

Con unos datos así, no es de extrañar que el empleo en el sector del comercio minorista haya disminuido un 2% en el segundo mes del año, encadenando de este modo 17 meses sucesivos de caídas interanuales.

¿Ven cómo no hay que hacer un interpretación triunfalista de los últimos registros del número de desempleados? O si prefieren: ¿están haciendo más cruda la agonía del pequeño y mediano comercio las políticas del Gobierno de Mariano Rajoy?

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