FIRMAS

Tengo unos amigos terroristas. Por Juan G. Luján

Qué asco. Qué vergüenza. Pensar que los tenía idealizados. Que me creí todas sus mentiras. Hace tiempo que debí sospechar que mis amigos estaban metidos en líos. Desde hace unos meses para acá casi no se dejaban ver. Los jueves por la tarde dejaron de llamar para quedar. Los viernes por la noche no se dejaban ver en el bar de siempre. Los sábados no acudían a las escapadas al campo o a la playa. Los domingos dejaron de existir.

Los jueves siempre tenían alguna reunión. Los viernes tenían que quedar en la puerta de algún banco, o en las escaleras de algún moroso. Los sábados siempre les caía alguna manifestación. Cada vez estaban más ausentes de la pandilla y de sus casas. Y yo pensaba que estos amigos míos eran David contra Goliat. Eran la piedrita de los pequeños contra los hombres con pistolas (pagados por todos) que los banqueros mandan a desahuciar las casas de los pobres. Y yo que veía a mis amigos como los Robin Hood del siglo XXI que iban con su arco a las puertas de los excluidos, de los nadie, de las víctimas de la especulación financiera.

Tolete de mí, que me imaginaba a mis amigos reunidos para organizar la recogida de firmas para respaldar una Iniciativa Legislativa Popular que llevara al Congreso y al Senado una reforma legislativa que frenara los abusos del poder financiero, una propuesta que nos acercara a Europa, una propuesta que no se han atrevido a llevar ninguno de los grandes partidos del sistema que trabajan para los que les pagan sus campañas electorales. Pensaba que mis amigos se levantaban temprano para llegar antes que la policía a la casa de algunos de los cientos de miles de desahuciados en los últimos años. Pensaba que mis amigos quedaban en las puertas de los grandes bancos para señalar con el dedo las cuevas de Alí Baba de los señores que realmente mandan a los que dicen que mandan.

Pero todo era mentira. La Delegada del Gobierno en Madrid me abrió los ojos con la misma rapidez con que algunos de sus antidisturbios abren las cabezas. Resulta que mis pacíficos amigos no estaban trabajando por la justicia, que en realidad se reunían para preparar algún atentando, o para animar a los terroristas o a los amigos de los terroristas. En realidad mis amigos iban a los bancos para ingresar el dinero cobrado del impuesto revolucionario. Y reservaban los sábados para salir a la calle para gritar “más bombas” o “mátalos”. Eso es lo que pretende que nos creamos Cifuentes y los propagandistas de la calle Génova a partir de la manipulación torticera de una noticia sobre una manifestación en el País Vasco a la que se sumó Stop Desahucios de Biskaia. Pues eso, que los de Stop Desahucios son unos etarras.

Que lo vuelve a repetir esta misma noche Cifuentes en Intereconomía. La señora Delegada del Gobierno que tiene claro a quién hay que multar en un acto violento (léalo pinchando aquí). Y acusa de filoterroristas a un movimiento social en la misma cadena televisiva que la semana pasada defendió el Valle de los Caídos como un monumento a la paz y a la reconciliación (la paz de los cementerios ,que diría su admirado Francisco) . En la misma cadena en la que Mario Conde ha estado como tertuliano dando lecciones de ética y de política económica. Pues habrá que creérselo, ya lo dijo el pacifista Gobbels, ministro de propaganda de Hitler: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

@juanglujan

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