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La Fiscalía acusa de cohecho a Pedro Álvarez y a Lerena por el ‘caso Lerena’. Por Belén de Vil

¡¡¡Primicia para los seguidores de este blog!!! Gracias al guante, el equipo de Belén de Vil se ha hecho con el escrito de acusación formal de la Fiscalía provincial de Santa Cruz de Tenerife sobre el Caso Lerena, ese en el que un empresario tuvo colada durante siete años a una trabajadora suya en la Gerencia de Urbanismo. Y en ese escrito, de hace 15 días, ya hay acusación formal por cohecho de la fiscal jefe Carmen Almendral contra Pedro Álvarez y el mismísimo Lerena. Por cohecho.

¿Qué quién es Pedro Álvarez?  Pues Pedro Álvarez Fernández, arquitecto técnico, ha sido el mandamás, el jefe de Negociado de Protección de Espacios Naturales y Litoral del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife desde 2003, aunque ocupaba el cargo de Negociado de Medioambiente desde 10 años antes.

Ta chan, ta chan… Según el escrito al que el guante ha tenido acceso y que en unas horas verán convenientemente escaneado, el tal Pedro “valiéndose del puesto que ocupa en el Ayuntamiento, propuso al acusado Juan Antonio Lerena Sánchez, al que dicho servicio adjudicaba diversas obras a su empresa, la contratación de doña María Candelaria Martín Pérez (la que ahora dicen que ha colado en servicios jurídicos Nieves Pérez Marichal, directora de Recursos Humanos del Consistorio), para que prestara sus servicios en las oficinas del Ayuntamiento (Gerencia, planta segunda), accediendo a ello el acusado Juan Antonio Lerena, en la creencia de que si  no lo hacía no se le adjudicarían más obras”.

¿Que no? A ver, Lerena, con su chica en el meollo del asunto, se llevó unas 35 obras menores para la zona de Anaga, por coste cercano a los dos millones de euros entre 2002 y 2009. No sé ustedes, pero dos millones en siete años… ¿Recuerdan que hace nada este asunto fue llevado a un Plenoy el flamante primer teniente de alcalde, don José Ángel Martín, dijo que seguía en investigación en Fiscalía y qué coño se iba a personar el Ayuntamiento en este caso? Pocas veces se puede hacer tanto el ridículo. La instrucción había comenzado en 2010.

Dejemos las payasadas porque lo interesante es que la Fiscalía acusa porque lo que hubo, lo hubo, y carga contra Pedro Álvarez Fernández, sobre todo contra él, ya que el susodicho, que ya ha declarado como imputado, era quien recibía en metálico el sueldo de la Candelaria, y él se lo entregaba en persona. ¿Una caja B?

La tal Candelaria, a quien en la Gerencia de Urbanismo la conocen como la niña de rabietas (dicen que tiene mal humor, ja, las malas lenguas), “realizaba siempre bajo la supervisión y en apoyo del acusado Pedro Álvarez funciones de carácter administrativo: informes de permiso de las actividades en las playas del municipio, subvenciones de viviendas rurales, proyectos, obras de mejora de infraestructura, confección de bases de datos para el control de expedientes  y para la gestión de la solicitud de Anaga”.

Un poco más: La tal Candelaria, ahora auxiliar administrativa con puesto indefinido en los servicios jurídicos, “se encargaba del archivo de expedientes y proyectos de papel, de las fotos del patrimonio de obras, búsqueda de facturas de expedientes y fotos para su clasificación”.

“Durante el tiempo de su contratación  su función ha estado estrechamente ligada con los contratos de obra menor que se adjudicaban al acusado Juan Antonio Lerena para el área de Gobierno de Calidad Ambiental, Seguridad y Servicios Públicos, Servicio de Control y Gestión Medioambiental para la zona de Anaga”.

Lo que les cuento. Esta es la acusación formal de Fiscalía una vez interrogado mucho personal, hasta el mismo Manuel Parejo, que era el concejal de Urbanismo pero ha quedado fuera de acusación. Han desfilado por los juzgados una parranda de sujetos, entre arquitectos, técnicos y funcionarios.

En el próximo post un poco más, y ya les cuento lo que pide la Fiscalía como pena. Prisión y años de inhabilitación para cargo público, pero por esta tarde vamos a dejarlo, no vaya a ser que Daniel Millet  y la Opi hagan suya la noticia. Y que conste que el guante no tiene mala leche. Es el bic el puñetero.

Anda que si el caso no lo denuncia una trabajadora de las de verdad al comité de empresa, ni nos enteramos. Fuerte es poco.

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