FIRMAS Salvador García

Entresijos de un puerto por construir. Por Salvador García Llanos

A medida que se vayan conociendo los entresijos de las condiciones en que va a ser construido el puerto (¿y el parque marítimo?) del Puerto de la Cruz, descubriremos el valor de algunas decisiones, la coherencia seguida en la fijación de posiciones y la visión concebida en torno a una actuación que incide directamente en el futuro y el desarrollo de la ciudad.

El próximo lunes, por ejemplo, la mesa de contratación que ha de evaluar las dos ofertas presentadas para la materialización del proyecto conocerá, ya en fase documental, el contenido de aquéllas y sus planes de obras. En la información periodística que ha trascendido sobre el particular, no sólo se reconoce el impacto mediático sino la máxima voluntad de transparencia con que los promotores y supervisores del procedimiento quieren conducirse. Claridad y rigor, parecen ser las máximas. Nada que objetar, desde luego.

Como se ha repetido, contar con una infraestructura portuaria ha sido una aspiración secular de los portuenses. Han cruzado en ese sentido la frontera de la ansiedad, de tal modo que apenas reparan en las fórmulas para materializar la iniciativa. No se exagera si se dice que les da igual. Lo que quieren es ver embarcaciones ¡y cruceros! ya, como cada vez está más extendido. Si se pierden terrenos municipales, si se cede patrimonio o esfuerzo de generaciones de portuenses, si va a ser necesario hasta pagar por acceder o utilizar las instalaciones, si son otros los que vienen a hacer negocio, da lo mismo. Hay quienes creen que esa actuación es la panacea y por tanto, la urgen. Les es indiferente que se hipoteque el futuro indefinido de generaciones venideras. La relatividad -mejor dicho: las relatividades, en todos los sentidos- no forman parte de sus esquemas mentales.

Veamos un ejemplo. Que la empresa adjudicataria tenga que abonar a la administración portuaria, en concepto de canon anual, la cantidad de 468.290 euros, pone de relieve, entre otras cosas, el valor del suelo sobre el que se va a mover. Y se supone que habrán hecho los correspondientes estudios económico-financieros con tal de lujo de detalles que la cuenta de resultados de la operación tenga resultados favorables mediante la amortización más conveniente. Los tiempos no están para perder dinero, desde luego.

Por eso, procede recordar el pleno ordinario del Ayuntamiento de 30 de enero de 2006, cuando el gobierno local, con el mismo presidente que ahora, planteó, por la vía de urgencia, incluyéndola en el orden del día  -después de haberlo omitido en la junta de portavoces, celebrada la misma fecha-  la aprobación de un ‘Protocolo general de colaboración entre la Consejería de Infraestructura, Transporte y Vivienda del Gobierno de Canarias, Cabildo Insular y el Ayuntamiento, relativo a la actuación Puerto del Puerto de la Cruz’. El protocolo reemplazaba a la fórmula de convenio marco que habíamos promovido en el mandato anterior (1999-2003) y que, tras contar con la aprobación de Cabildo y Ayuntamiento, consignaba un consorcio entre administraciones, pendiente solo de la adhesión del ejecutivo autonómico. En el texto se requería la aportación de cada una de las partes consorciadas. Por tanto, era necesario valorar los terrenos del campo de fútbol de propiedad municipal, la concesión administrativa a favor del Ayuntamiento del parque marítimo y la escollera construida con recursos municipales propios. Este era, básicamente, el patrimonio que aportaba el municipio y de cuya valoración aún se está pendiente. Y lo que es peor: por la evolución de los acuerdos, se deduce que los portuenses lo han perdido.

El Grupo Municipal Socialista de entonces hizo, en un tiempo récord, un generoso trabajo de enmiendas y alternativas, orientado a la defensa de los intereses generales de la ciudad y del patrimonio público de sus habitantes. Y como quería demostrar su identificación con la aspiración -el acta de la sesión es un valiosísimo documento para entender la secuencia de los acontecimientos e incluso los antecedentes- votó abstención -pese al rechazo sistemático del trabajo y al desprecio de lo gestionado en el ciclo anterior- para despejar cualquier sospecha de obstruccionismo u obstaculización.

Transcribimos del acta, a título de muestra, las esclarecedoras manifestaciones del portavoz de la representación institucional del PSC-PSOE, Antonio González Pérez:

“Está en el convenio marco la ejecución de obras del muelle deportivo. Su financiación la asumía el Gobierno de Canarias, y el de Garachico, según acuerdo del que se hablaba, lo asumía el Cabildo Insular. Además, estaban previstos los convenios específicos que había que desarrollar que eran fundamentales para este Ayuntamiento, en los que había que cuantificar el patrimonio más las inversiones que había hecho así como la propia concesión administrativa que le fue otorgada por la Dirección General de Costas. Todo eso había que valorarlo para saber cuál era exactamente el patrimonio que ponía este Ayuntamiento”.

Y seguía González Pérez explicando:

Había otras dos ideas, siempre claras: el puerto tendría carácter público, tenía que ser asumido por la Administración. Hay en la hemeroteca manifestaciones en ese sentido. En el parque marítimo es donde tenía cabida, mediante concesión administrativa, la empresa privada. Estamos hablando del “filón” o del “diamante en bruto” que supone toda esa superficie (233.000 metros cuadrados) que representa el horizonte, la expectativa de recuperación del prestigio de la ciudad del Puerto de la Cruz, por el que nosotros tenemos que velar, estar ahí y no dejarlo en manos del Gobierno de Canarias”.     

El acta, desde luego, es un  documento digno de ser recomendado como lectura y como prueba de los diversos enfoques que se tienen sobre esta actuación en un tramo del litoral portuense, importante, sin duda, para el desarrollo del municipio.

Lo dicho: se irá conociendo pormenores que explicarán -es de esperar- algunas determinaciones. La principal: si la operación es o no beneficiosa para la ciudadanía, para las generaciones futuras de portuenses. Veremos si los pasos dados van en la adecuada dirección y si los fantasmas de la especulación siguen sin aparecer.

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