FIRMAS Juan Velarde

La Copa de los despropósitos. Por Juan Velarde

¿Por qué los últimos años se han convertido en una pesadilla para programar la final de la Copa del Rey? Ahora mismo, el duelo entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid no tiene definida ni fecha, ni hora ni sede. Peor no se pueden hacer las cosas ya que la Federación Española de Fútbol, que es la que organiza esta competición, parece ir por libre y ha plantado su partido el 18 de mayo de 2013, justo en la última jornada de Liga ¿estamos locos o qué? ¿quién es el lumbreras que maneja esto?

Con lo sencillo que es copiar a quienes más saben de esto, los ingleses, y así no habría mayores problemas. Los aficionados conocen desde hace 10 meses que la final de la Copa se disputa en Wembley, el 24 de marzo y en una hora respetable, creo que alrededor de las seis de la tarde. Es una manera lógica de que los aficionados vayan haciendo planes y sepan a que atenerse. En España, no.

Aquí nos encanta la improvisación, la chapuza, el trabajo mal hecho, el intentar encabronar a todas las partes. Por ejemplo, ¿a alguien le parece lógico y normal que una final que disputan dos equipos de Madrid haya que jugar en Barcelona, Sevilla o Valencia? Pero a ver, almas de cántaro, ¿no estará concentrado el mayor número de seguidores merengues y colchoneros en la capital de España? ¿A que ton entonces viene el llevarse ese encuentro a otra sede? Es un verdadero despropósito.

Sé que el Real Madrid ha pedido que se juegue en Barcelona porque tiene morbo eso de disputar la final en el campo de tu eterno rival, pero también el Atleti tiene su poder de decisión y ha pedido jugarla en casa (la última final Madrid-Atleti se jugó en el Bernabéu, en 1992) o en el Bernabéu, donde el número de localidades es mayor que en el coliseo de la Ribera del Manzanares.

Sea como fuere, todo esto es un despropósito y habrá que ver quién se lleva el gato al agua, pero está claro que en España no sabemos organizar nada y la gran fiesta del fútbol empieza a convertirse más en un quebradero de cabeza que en una alegría y quienes acaban sufriendo las consecuencias de esta necedad son los propios aficionados.

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