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Cuando la unión hace de verdad, pero de verdad, la fuerza: El golpe, cuarenta años después. Por Eduardo García Rojas

Hay película que no pertenece al director. De hecho, son películas más del productor, el escritor pero sobre todo de sus estrellas que del hombre que se pone detrás de la cámara y grita eso de ¡acción!

¡Corten y a positivar!

Cuando George Roy Hill logró reunir en una misma película a dos astros de la pantalla como Paul Newman y Robert Redford no sé si era consciente de la leyenda que estaba en ese instante –bendito instante– puliendo con las manos.

Basada en un excelente guión de William Goldman (1), Dos hombres y un destino continúa siendo algo más que un western. Un western crepuscular, épico y romántico que si aún funciona se debe a la química de sus dos actores protagonistas.

A nadie le sorprende pues que, entendido así, fuera natural que germinara otra cinta que, repitiendo el tándem de estrellas, intentara meterse de nuevo a los espectadores en el bolsillo.

El mismo equipo, aunque esta vez sin Goldman en el libreto, logró el milagro en esa comedia sobre timadores que es El golpe (The Sting, 1973), filme que para muchos que sí tuvimos la suerte de verla hace ahora exactamente cuarenta años en pantalla grande, nos robó ese pedazo de corazón que forma parte desde ese momento de nuestra más emocionada memoria cinéfila.

Y ya les digo si cuando ayer les contaba que todavía tarareo el tema principal de La gran evasión, digamos que también me pasa lo mismo al tararear el ragtime de Scott Joplin que desempolvó y reactuliazó en El golpe la batuta de Marvin Hamlisch.

Pero hay muchos más elementos que hacen que esta película sea un título de referencia de mi memoria cinéfila.

No solo el magnífico trabajo de Newman y Redford, dos galanes, dos estrellas que cuando aún los veo juntos derraman complicidad, compromiso y autenticidad por ambigua que pudiera interpretarse su relación.

El golpe fue escrita por David S. Ward, quien afinó los lápices escribiendo una cinta que gracias a los tres vértices del triángulo Hill/Newman/Redford aún funciona y engancha a todo tipo de audiencias.

La historia se desarrolla durante los años de la Depresión, y el gran timo, el golpe que da título al largometraje, se desata por vengar a un compañero de oficio de ese gremio, el de los timadores, que es algo así como la elite del mundo criminal.

Ellos son los buenos.

El malo lo encarna un elegante gángster al que pone piel y mucho oficio Robert Shaw, así como una policía corrupta representada por el recientemente fallecido Charles Durning.

Estructurada en capítulos mucho antes de que a Quentin Tarantino se le ocurriera esa genial idea, El golpe nos va presentado en diferentes cuadros el montaje, el desarrollo y el final de la gran estafa en la que se mete ese grupo de estrafalarios perdedores para robarle el dinero al personaje que encarna Shaw, un capo refinado al que se no se le caen los anillos para asesinar, manipular y untar a los agentes de la ley para salirse siempre con la suya.

La gracia de la película es ver como Shaw –Danny Lonnegan– se va a meter en la boca del lobo que le prepara el gang que lidera Paul Newman y en el que entra a trabajar Robert Redford.

El Golpe es una cinta plagada de trampas y descuidos, de esto es lo que parece aunque no es lo que parece, diseñada con el único objetivo de birlarte cualquier prejuicio que tengas en la cabeza.

Así que aunque digas lo contrario, te gusta.

Así que aunque pienses que es una soberana estupidez, una película tramposa y fantasiosa, es que te gusta.

Lo escribo así porque no hay nadie que conozca que no le guste El golpe.

Puede haber uno o una que la mancille con reflexiones como las anteriormente planteadas, pero siempre, siempre, termina claudicando para confesar que es la gran película que es.

Solo que no puede decirlo por el que dirán

Una gran película que no se rompe la cabeza para que estés del lado de unos y no del otro.

Es decir, que desde un principio vas a estar del lado del grupo de inadaptados timadores.

Pasado el tiempo, y aunque me la sepa de memoria, El golpe continúa sorprendiéndome y engañándome de la misma manera que cuando la vi por primera vez.

Aún me despista, que me haga preguntar: “Eh, un momento, ¿pero no se suponía que Redford era bueno?”

“¿Eh, un momento, que pasa con Newman?”

“¿De qué va el Newman?”

Y así hasta el infinito.

Aunque hay una escena que aún me desconcierta entre otras escenas que me siguen desconcertando de esta gloriosa, bendita sea su estampa película.

Aquella en la que Redford se va a la cama con una señora sin rastro de belleza pero con turbador atractivo.

Y si han visto la película sabrán las razones de que todavía me descoloque, que me haga pensar… Uffffff.

Como toda película que supera la prueba del tiempo, El golpe aún late y con fuerza porque es sencillamente, y pese a su complejidad, redonda.

Todas las piezas del desordenado rompecabezas encajan.

Comenzando por su reparto: actores que hacen creíble a ese grupo de timadores en el que encontramos debilidades que subrayan su carácter.

Una familia a la que terminas por amar y con la que sufres desde la butaca o la comodidad del sofá porque, por Dios, quieres que a ninguno le pase nada malo.

Estás de su lado.

Entiendes demasiado bien a ese grupo de libertarios.

Ese grupo que no ha prosperado en la vida por sus debilidades, por su querencia a una vida no sé si fácil pero sí acostumbrada a vivir el día a día.

Hasta que llega su momento.

Formar parte de una gran operación en la que timar y tomarle el pelo a uno de los grandes.

A un tipo tan identificable en la Expaña de hoy.

Lo escribo porque el capo se ha acostumbrado desde el poder a timar y a tomarle el pelo a los peces chicos.

Así que si alguna vez se retrató aquello de la unión hace la fuerza en el cine norteamericano es en El golpe.

O la película en la que los peces pequeños con inteligencia no devoran pero sí que dejan con lo puesto al villano de turno.

Así que en unos días donde quieren hacernos creer que somos una manada de gilipollas protestones y en la que nos retrotraemos a tiempos oscuros en nombre de una crisis que justifica cualquier abuso de poder, volver a ver El golpe no es que sea recomendable, sino necesario para enseñarnos con buena letra como hay que actuar y decir basta ya.

Me salen granos como con La gran evasión.

Pero lo escribo con todas sus letras:

Una obra maestra.

(1) Recomendamos la lectura de Las aventuras de un guionista en Hollywood y Las nuevas aventuras de un guionista en Hollywod, de William Goldman editadas en España por Plot Ediciones en 1992 y 2002, respectivamente.

Saludos, ¿a qué esperas?, desde este lado del ordenador.

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