FIRMAS

Público agradecimiento a los jubilados. Por Antonio Alarcó

Consideramos que todas las facetas de la vida tienen que ser protegidas con la misma intensidad y que ninguna es más importante que otra. Niños y adultos han de recibir la misma consideración, pues son facetas de un proyecto vital de igual valía, pero sí es cierto que debemos especial consideración a nuestros mayores, como justa compensación a quienes han dado sus mejores años en beneficio de la colectividad. Independientemente de la protección necesaria al joven y al menor, tenemos la obligación social de velar por que nuestros mayores cuenten con las mejores condiciones para culminar su proyecto vital, y tengan ocasión de demostrar permanentemente su utilidad. La experiencia es uno de los valores más importantes en la sociedad igualitaria y moderna en que vivimos, y nada puede sustituirla, de ahí el esmero que hemos de poner en su tratamiento.

Con este convencimiento, el Cabildo Insular de Tenerife acogió en días recientes el emotivo acto de despedida de la vida laboral activa de los trabajadores que se jubilan este año, que han puesto su alma al servicio de lo público, leales a su compromiso con los ciudadanos, con independencia de la dirección política que tengan.

El acto institucional tuvo lugar dentro del programa de actividades organizadas con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Candelaria, Patrona de Canarias, a modo de público reconocimiento a estas personas, por su trabajo y esfuerzo continuado. Si bien la consideración personal hacia el empleado resulta básica para el buen funcionamiento de empresas e instituciones, la premura del día a día nos impide ensalzar como es debido al personal antes del momento de la jubilación, punto y seguido después de una larga etapa dedicada al trabajo.

Si el verdadero valor de una empresa se encuentra en sus bienes intangibles, esto es, en su personal y hasta en sus clientes, en las Administraciones públicas esta máxima resulta, si cabe, mucho más evidente, puesto que ninguno de nosotros podríamos desarrollar laboral alguna sin las personas que trabajan por y para ellas.

Decía Quevedo que el agradecimiento es parte principal de un hombre de bien, y bueno es recordarlo ante ocasiones como esta, que nos dan la oportunidad de agradecer sincera y públicamente la labor abnegada y, por lo general, en un discreto segundo plano, de muchas personas, pero también de recordar que no compartimos la visión simplista que aún existe respecto al compromiso de aquellos que desempeñan su actividad en lo público.

Un colectivo que tanto entrega a los ciudadanos no puede ser partícipe de las injustas consecuencias de una creencia tan errónea. Son mayoría los funcionarios y trabajadores que se implican con los objetivos de la organización y están dispuestos a colaborar, a trabajar en equipo y a aportar ideas para mejorar el funcionamiento de las instituciones. Sería injusto para muchos funcionarios y personal laboral de las Administraciones públicas generalizar estos juicios de valor, que no hacen justicia a la realidad. Nos constan los grandes esfuerzos que desarrollan para acercar las instituciones al vecino, y su implicación en el devenir de las mismas, con el ánimo de que la relación de todos nosotros con la Administración sea lo más sencilla posible. El tiempo que llevamos trabajando, tanto en el sistema público sanitario como en el Cabildo de Tenerife, el Senado y la Universidad de La Laguna, ha permitido que nos reafirmemos en el reconocimiento sincero y la petición de que vivan el presente, que aún ha de durar mucho tiempo, y que lo hagan con la intensidad que requiere esta etapa de tranquilidad que ahora se abre ante ustedes. Son un lujo para nosotros y engrandecen una institución como el Cabildo Insular de Tenerife

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