FIRMAS Salvador García

Frivolidad empresarial. Por Salvador García Llanos

Ganas de meterse en jardines… o fiel reflejo del patronato rancio, el de toda la vida. A Juan Rosell, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), se ve que no le gustan la Administración pública ni los funcionarios. Y ya por contrariar -“encantado de abrir debates”, ha declarado-, hasta de las cifras de desempleados, sobre todo las resultantes de la Encuesta de Población Activa (EPA). Porque con las otras, las del paro registrado, sí parece estar más de acuerdo.

Lo cierto es que el presidente de los empresarios se ha descolgado con un planteamiento que levanta ampollas, pese a los inevitables matices posteriores surgidos cuando el alcance de lo manifestado se desborda y se convierte en un clamor de rechazo o protesta. Aboga Rosell por un subsidio (sic) para que los funcionarios se queden en casa y no acudan a sus puestos de trabajo donde consumen papel, teléfono y tienen que hacer normas. “Saldría más barato”, afirmó. Claro que la culpa de que no trabajen, la tiene la propia Administración, “que no les da trabajo”, según la válvula de escape que encontró para justificarse cuando ya empezaba a empapar el aluvión de críticas. Curiosa manera de tirar por elevación, al abstracto, que ya se verá.
Hay algo de menosprecio a la condición funcionarial en las palabras de Rosell. Por esa razón lleva tragándose las reacciones de sindicatos y políticos de todo el espectro. Particularmente dura ha sido la de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) que no se ha conformado con decir que el presidente de la patronal demuestra no tener ni idea de lo que es la función pública ni de entender el papel de los empleados que en todo el sector prestan servicios. Le pide también que asuma sus responsabilidades en el proceso de destrucción de empleo. El chasco se lo habrá llevado Juan Rosell cuando el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, ha salido en defensa de los empleados públicos y le ha pedido prudencia y mesura a la hora de valorar su trabajo. Es decir, que hasta los jardineros aliados también se han desmarcado, no sea que el lodo les salpicara, que tal como está el patio, es lo menos conveniente.
Pero esa frivolidad de la que en este caso ha hecho gala el jefe de la patronal igual esconde el renovado afán privatizador que se aprecia en la propuesta de reforma de la administración local, aparentemente paralizada por el Gobierno hasta que escampe el vendaval político que sacude al país. Si así fuera, se comprobaría que, en tiempo de crisis, también es posible hacer negocios. Y si es con despojos del sector público, mejor. Igual debería preocuparse más por esa implicación de colegas en tramas de financiación. O de por qué la reforma laboral no da ni para mantener los puestos de trabajo.

Dicho: lo de toda la vida.

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