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Etapa primera. «Habemus peregrinus». Por Manuel Herrador Calatrava

A Rúa – Quiroga, 29 kms. Nivel de dificultad, alto.

Salida, 8:00 am. Llegada , 4:30 pm.

Al ser la primera etapa, han aparecido sensaciones inéditas que se me acumulan y que quiero contárselas a ustedes para que, si algún día tienen la ocurrencia de hacer el Camino de Invierno, ya les resulten familiares.
Han sido numerosas, físicas y mentales.
Las psicológicas han estado marcadas por dos reacciones, una de agradable excitación permanente al verme rodeado literalmente por una Naturaleza desconocida llena de sorpresas, bosque, ríos, nieve y rincones aislados que combinan soledad y belleza a la vez.
Otra, la segunda, es la sensación de estar realizando un esfuerzo más intenso de lo acostumbrado y que, aún siendo doloroso, me obliga a asumir que el Camino exige un sacrificio y la ejecución de un reto que potenciará la satisfacción a la consecución completa de las siete etapas, al llegar a Santiago.
Respecto a lo sentido físicamente, lo van a percibir mejor con algún ejemplo que les detallo a continuación. Las tres primeras horas son inocuas pero, lo que empieza a sentirse a partir de la cuarta hora es una transformación integral que podría ser tema de debate en Cuarto Milenio.
El dedo meñique del pie izquierdo, parece que alguien te lo ha metido entre los dientes cortantes de unos alicates y aprieta hasta reventarlo. En los dedos del pie derecho, en cambio, sientes tales pinchazos que piensas que te han volcado una caja de alfileres dentro del calcetín y has metido el pie hasta el fondo. Los gemelos te desaparecen, crees que la caña de las botas te llega a la rodilla como si tuvieras un tobillo de medio metro. La nalga derecha te la palpas con la mano, de vez en cuando, para comprobar que no se te ha caído en el camino, porque se te queda insensible. La mochila, notas que se te ha injertado en la columna vertebral, y ya forma parte de ti.
De pronto, te oyes hablando en voz alta, más tarde compruebas que, además, te preguntas y te respondes tú mismo en medio de un entretenido diálogo. El equilibrio lo pierdes, no eres capaz de andar un metro seguido por la linea que separa el asfalto de la hierba.
Al final, para buscar el lado positivo de tu viaje dices, por lo menos aquí no voy a encontrarme con alguien a quien le deba dinero.
«Dende Galicia un cordial saúdo e boas noites».

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