FIRMAS Marisol Ayala

El odio. Por Marisol Ayala

El largo párrafo que define “odio” retrata a la perfección el reportaje en el que trabajo desde hace un par de meses. Leyendo con detenimiento su definición observo que se ajusta de manera asombrosa a la realidad brutal que conocí y que pretendo contar. Lean.

«El odio es una pasión ciega y arraigada en el corazón viciado por el capricho, por la envidia, por las pasiones; un afecto que en ningún caso deja de ser bajo e indigno. Él aborrecimiento es un afecto nacido del concepto que forma nuestra imaginación de las calidades del objeto aborrecido, y compatible con la honradez, cuando su objeto es el vicio. Es una pasión ciega, que nunca perdona, antes bien anda siempre acompañada del rencor y de la mala voluntad; y al aborrecimiento lo miramos como efecto de una persuasión, que la razón o el desengaño pueden llegar a destruir. Un hombre honrado perdona la ofensa de un traidor, de un asesino, porque no cabe el odio en su noble corazón: pero no puede dejar de aborrecer tan execrables monstruos de la sociedad.

El aborrecimiento nos hace mirar con disgusto a su objeto; el odio nos lo hace mirar con ira». Sin aliento. En una de nuestras isla un suceso de trágicas consecuencias se ha saldado con el mayor dolor posible, el mayor. Créanme. No recuerdo haber vivido ni tener conocimiento de algo igual. El odio se fue gestando durante años por dos hermanos que cuando crecieron no encontraron mejor “regalo” que inculcar ese odio a sus hijos. “Rájalo si te hace algo, si te mira mal y que se joda mi hermano…”. Sabía bien el dolor que causaría una muerte y no solo no la evitó si no que la alentó…

Estos días he hablado mucho del caso con dos expertos en psiquiatría y uno de ellos dice que lo sucedido le recuerda el caso de Puerto Urraco como referente más cercano del odio; “lo que me cuentas tiene cierta similitudes con aquella tragedia, un odio sin límite al que nadie puso freno”. Pudiera ser. Si que recordamos Puerto Urraco.

Hablamos de rencillas familiares que se remontaban a 1967 y que dio pie a una película. Un día Amadeo Cabanillas entró con el arado en una finca cuyos límites se disputaban ambas familias. También hubo una historia de amor no correspondido: Luciana Izquierdo y Amadeo Cabanillas se enamoraron pero finalmente Amadeo rechazó casarse con Luciana, lo que la afectó mucho. Pocos días después, Amadeo murió a manos de Jerónimo Izquierdo, que ingresó en prisión por su crimen y estuvo en prisión hasta 1986 (los 14 años que duró su condena). Tras cumplir condena, regresó a Puerto Hurraco para vengar la muerte de su madre, muerta en un incendio el 18 de octubre de 1984 (de la que la familia Izquierdo siempre culpó a los Cabanillas de su y apuñalar a Antonio Cabanillas (hermano de Amadeo). Jerónimo ingresó en el psiquiátrico el 8 de agosto de 1986, muriendo nueve días después. Antonio consiguió sobrevivir. El 26 de agosto de 1990 tras despedirse de sus hermanas asegurando que “vamos a cazar tórtolas”, los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo, de 53 y 58 años respectivamente, dispararon varios cartuchos después de salir de un callejón hacia una plaza, sobre unos vecinos del pueblo apellidados Cabanillas. Se trataba de un acto de venganza porque los consideraban culpables del incendio de una casa de su propiedad, en el que murió la madre de los hermanos Izquierdo. Posteriormente el tiroteo derivaría contra quienes se cruzaran por la calle. Este fin de semana me reuní con la familia objeto del trabajo periodístico que preparo.

He hablado con ellos varias veces a lo largo de las últimas semanas y me impresiona su sensatez. Cuando les propuse contar su historia me sorprendió su disponibilidad inicial, tanto, que volví a verles, a llamarles, a explicarles con detalle mí trabajo y comprometerme -un periodista generalmente no lo hace jamás- que antes de publicarlo lo leerían y si había una sola coma que consideraran incorrecta, que algo no era de su gusto, lo anulábamos. Hay dolor, hay lágrimas, hay amargura y hay deseos de venganza. Ojalá llegue la cordura a una familia en la que habita tanta gente joven. Inocular odio debía estar penado.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario