FIRMAS Salvador García

Candidata en llamas. Por Salvador García Llanos

El drama vivido en el curso de la gala de elección de la reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife propende a dilemas difíciles de resolver. ¿Hubiera usted suspendido el espectáculo?, por ejemplo. Pues vaya a saber: hombre, por respeto y porque en ese momento había damnificados –entre los que se encontraba una aspirante- que requerían atención prioritaria, puede que sí. Pero, de no haber actuado con exquisita profesionalidad -vaya papeleta para los presentadores- vaya a saber también: cómo hubiera reaccionado el público presente: ¿desbandada, protestas? Hubiera sido peor el remedio, quizás.

Era difícil decidir en aquellos momentos, desde luego. A posteriori, en frío, con sentido más reflexivo y de forma incluso más colegiada, ya era distinto, de modo que sí es un acierto suspender los actos programados para el viernes. Aunque haya perjuicios evidentes.

En todo caso, cuando pasen los disgustos, concluya la investigación abierta y todo se normalice -deseemos el pronto restablecimiento de la candidata y de los damnificados- la organización sabe que, entre sus tareas prioritarias, figura la revisión de las bases de participación de las aspirantes al reinado carnavalero. De la misma manera que se limita la altura de los diseños o el ancho, de la misma manera que se impide el empleo de utensilios rodados o suplementos lumínicos, también habrá que regular el adoso de artefactos o sustancias que conlleven un riesgo para la integridad física de las actuantes y del equipo de personas que se necesita para que, por fin, puedan acceder al escenario.

No es una cuestión menor. Teniendo en cuenta lo ocurrido, extremar las medidas de prevención y todas las cauciones posibles es una obligación. La creatividad carnavalera es un torrente inagotable, de acuerdo; el espíritu de superación es evidente. Y se ha alcanzado un grado tal de sofisticación, en alegorías y diseños, que sube y sube año tras año. Pero ya se han conocido los peligros. Y las consecuencias.

Luego, habrá que mirar esas bases con lupa, aunque les duela a los modistos y diseñadores.

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