FIRMAS Salvador García

El que no se consuela… Por Salvador García Llanos

Luis María Ánson pidiendo el retorno de Aznar para poner orden en el partido y Pío Moa señalando que la regeneración democrática pasa por un reconocimiento al franquismo.

Está la derecha revuelta, encajando los golpes que ponen al descubierto algunos de sus métodos pero sin reponerse o sin saber muy bien cómo contratacar porque los escenarios son otros y porque la gente, fieles aparte, se ha vuelto muy incrédula ante tantas evidencias.

Está la derecha como el boxeador que flota sobre el ring, que se mueve porque aún le quedan recursos como el de una mayoría absolutista, pero sin saber muy bien si el grado de resistencia le permite hallar una salida antes de que suene la campana y se vuelva a sentar en la esquina. No escapa a la guerra sorda y sin cuartel que libra contra sí misma, ahora que gozaba del poder omnímodo.

Y entonces invoca la derecha al pasado, a la supuestas glorias del pretérito. Primero, negar la mayor, decir lo contrario de lo que parece eviente. Después, inventarse enemigos o atribuir indecibles maniobras a sus demonios, los atavismos para envolver el victimismo. Trata de demostrar que no está noqueada, aún. Se revuelve, no quiere perder lo ganado en las urnas con tan amplio margen, no importan los engaños, aquel fraude masivo, los incumplimientos flagrantes y las decisiones contrarias a las programadas.

No está noqueada. Pese a tramas coruptas. Pese a la caída y condena judicial de conspicuos representaes. Siempre nos quedará un Rubalcaba. Y dentro de nada, González ‘again’, ya lo verán.

Mientras tanto, catarsis para todos. Oscuridad y chitón en el Parlamento. Faltaría más. Y la invocación al pasado para arreglar el desaguisado: uno, para ordenar y mandar en la organización, que ya se sabe eso de la auctoritas. Otro, para otorgar -¡a estas alturas!- carta de bondad a aquel régimen de cada vez más infausto recuerdo.

El que no se consuela…

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