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Capitalizar el éxito de los Hispanos. Por Juan Velarde

España está que se sale…al menos en deportes. Nuestros Hispanos se han comido a los vikingos, literalmente, y no los han mandado a Dinamarca antes de que concluyese el final del partido de verdadero milagro. Por méritos propios, el balonmano español, tanto en categoría masculina como en la femenina, puede presumir de haberse hecho un hueco enorme en los corazones de una afición que, muy futbolera ella, ya tiene la fiabilidad de un deporte que le ha dado nada menos que dos campeonatos del Mundo a nuestro país.

Es verdad que nadie podía apostar por el recital que iba a ofrecer España en el Palau Sant Jordi. Desde el pitido inicial, los hombres de Valero Rivera han dado toda una lección de balonmano, con ataques precisos y una férrea defensa. Todos nos hemos tenido que frotar los ojos para observar como iba subiendo la diferencia en el luminoso hasta llegar a los ocho goles de renta en la primera parte y otros ocho en la segunda (incluso ya aflojando ante un cuadro danés que no veía el final de la furia española).

Sin embargo, y a modo de anécdota, pero con ínfulas de crítica, hay que decir que este deporte, del que ahora todos nos hacemos hinchas incondicionales, no vive en nuestro país la mejor situación. De hecho, inicialmente, la propia Federación reconoció que ni ganando el Mundial se iba a celebrar una cena oficial porque, sencillamente, no había dinero para ello. Vamos, dicho en plata, quien quisiera dispendios, al Mac Donald o al Burger King.

Cierto es que en la élite, donde todo está profesionalizado, no habría que tener esos problemas de pasta, pero no dejamos de hablar de que la Selección depende directamente de la Federación y que por encima de ésta existe una Secretaría de Estado para el Deporte que tendría que velar porque no se produjeran este tipo de situaciones cuasi bochornosas. Pese a los logros del balonmano, su situación financiera es muy delicada y sólo hay que ver que muchos clubes han acabado renunciando a sus mejores jugadores o incluso desapareciendo del mapa.

Por eso, con este Mundial en la mano, hay que cuidar con mimo a esta Federación, no volcarlo todo sobre el fútbol o el baloncesto. No es sencillo ganar dos mundiales en ochos años sobre todo cuando vemos que hay países donde el balonmano es un deporte que está a la altura de otras modalidades y donde hay una fábrica de sacar talentos como churros. Aquí no vamos sobrados de los mismos y por eso una buena política de cantera sería clave para no tener que depender luego de alguna que otra nacionalización. Y, de paso, evitar el trance de no poder organizar siquiera una modesta cena para los campeones. No es de recibo.

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