FIRMAS

Las primeras defensas del puerto y plaza fuerte de Santa Cruz de Tenerife. Por José Manuel Ledesma

El primer Baluarte fue el mandado a construir en 1464 por Diego García de Herrera, Señor de las Canarias, y debió estar situado en la desembocadura del barranco de Tahodio. Su misión era la de evitar los ataques que pudiera realizar el Mencey de Anaga, en cuyas tierras García de Herrera había desembarcado y tomado posesión de la Isla en nombre de la Corona de Castilla.

Cuando el ejército Castellano, al mando del Capitán Mayor Alonso Fernández de Lugo, desembarcó en el paraje que los guanches denominaban Añazo, dio comienzo al asentamiento del Real o campamento fortificado y a la erección de la Torre que completaba la protección del recinto militar y la seguridad de los expedicionarios de cara a un ataque guanche.
El Real, es decir, lugar donde se encontraba la tienda del Rey o su representante, estaba integrado por una o más torres y el campamento fortificado.

El 8 de junio de 1513, el Cabildo tomó la decisión de edificar una torre de dos pisos con almenas, troneras y saeteras, con motivo de la nueva guerra con el Rey de Francia. Del citado proyecto sólo se hizo un cubilete a modo de baluarte, que recibió el nombre de Cubilete Viejo, situado donde después se levantó la batería de la Concepción (actual torre del Cabildo).
La primera defensa que tuvo Santa Cruz de cara al mar se terminó en 1543, y estaba situada en la caleta de Blas Díaz o de la Aduana, desde donde con sus disparos protegía el rudimentario muelle de Santa Cruz. Para artillarla, se le compró a Antón Quintero una lombarda por 24 ducados y, en 1549, Su Majestad concedió dos cañones, seis falconetes y pólvora para su defensa.

Grabado de la primera fortaleza.

 

En 1553, a consecuencia de los ataques de los piratas a las Islas, el nuevo gobernador de Tenerife, Juan López de Cepeda, la amplió por el lado Sur, hasta llegar a la margen derecha del barranquillo del Aceite -sede de Maphre- formando un terraplén con dos cubelos en las esquinas que miraban al mar Recibió el nombre de La Fortaleza. En la visita que realizó a Santa Cruz Álvaro de Bazán, la elogió de tal manera que por medio de una Real Cédula, fechada en Madrid el 15 de septiembre de 1556, se le agradeció al Cabildo el celo y desinterés puesto en la defensa de la Isla.

Los trabajos fueron dirigidos por el maestro cantero Sebastián Merino. El baluarte era macizo y no tenía más huecos que la escalera para subir a la plaza de armas, la cual estaba amurallada por un parapeto de piedra en el que se abrían troneras para artillería y arcabucería. El cubelo, que doblaba en altura a la fortaleza, poseía en su interior una aljibe para recoger el agua de lluvia, en cuya terraza rematada por almenas, podía emplazarse la artillería. Aislado de la edificación se alzaba en el frente norte otro cubelo, frente a la ermita de Nuestra Señora de la Consolación, dominando la caleta de Blas Díaz. Su altura era casi igual al anterior y disponía de dos pisos; en el primero, a media altura de la torre, se abrían las troneras, y en el segundo, rematado por almenas, podían emplazarse algunas piezas. La puerta principal, situada en la pared del poniente, estaba rematada por los escudos en piedra de Tenerife y las armas reales.

La primera actuación de esta fortaleza fue el 1 de septiembre de 1555, rechazando el ataque del famoso vicealmirante de Bretaña, Nicolás Durand de Villegaignon, hijo de Louis Durand.

Su primer Alcaide, el Regidor Diego Yanez de Céspedes, fue designado por el Cabildo el 7 de febrero de 1558.

 

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