FIRMAS Marisol Ayala

Vivencias de una educadora. Por Marisol Ayala

Lo que me impulsa a escribir estas líneas como educadora y madre es el deseo de compartir mi experiencia, justo esa nueva experiencia que es la que probablemente muchos otros profesionales de la educación están viviendo y que no debemos pasar por alto, porque la educación hay que tomársela en serio en una sociedad canaria competitiva y capaz, que aspira a más, en eso seguramente estamos de acuerdo.

aulas

 Tengo la enorme responsabilidad de ser tutora en un centro educativo público en esta ciudad, de un grupo de infantil en edades comprendidas entre los cinco y seis años. Es un grupo numeroso, activo y alegre como es lo normal en estas edades. El trabajo a diario con ellos, no voy a decorarlo es duro, aunque muchos sonrían de medio lado al leerlo. Aún sabiendo que cada profesión tiene sus riesgos, la nuestra como profesionales de la educación es una dura tarea de cara a nuestra sociedad canaria, con una importante responsabilidad. Nunca me han gustado los comentarios y comparaciones entre unas profesiones y otras porque cada una en su naturaleza tiene una u otras características con aspectos positivos y otros no tantos. Compararlos es ser injusto, siempre.

En este caso, deseo contarles mis vivencias ya que desde hace un mes tengo en el aula un nuevo alumno, un alumno especial como Super  Antonio, con otras limitaciones y características, pero en definitiva un niño encantador que llega al colegio con ganas de comenzar a experimentar con sus nuevos amigos. Este niño comparte el aula con 25 alumnos más, que lo reciben con alegría y con muy buena predisposición, y que ha despertado en todos ellos un espíritu de solidaridad generalizado que sería la mejor de las lecciones para algunos otros.

Nos encontramos… bueno da igual donde nos ubicamos lo importante es que estamos compartiendo espacio escolar y que hemos hecho hueco, aunque superamos la ratio legal establecida. La ratio (número de alumnos por aula), se establece para garantizar unos mínimos de calidad educativa y de atención al alumnado.

Lo de hacer hueco es un decir ya que es una imposición directa de la administración educativa que nos dirige, y que se establece a raíz de las necesidades o circunstancias planteadas por una familia. Yo desde mi posición de madre comprendo y apoyo esas necesidades, pero mi exposición se dirige a las oportunidades que nosotros como educadores de un centro preferente podemos darle a este niño. Siendo este alumno un niño con limitaciones físicas, que es la razón por la que llega al centro, pero también con otras necesidades por tener limitaciones psíquicas.

Mi día a día laboral es, en ocasiones, agobiante ya que sin los recursos humanos adecuados para dar respuesta, el trabajo se vuelve arduo y a veces poco satisfactorio. Me veo en la obligación de hacer algo, por esa tan nombrada calidad educativa, y creo que hacerlo público es un buen paso.

 Hace unas semanas que he afrontado esta nueva situación y aunque temerosa, lo asumí con ánimos y ganas, pero a medida que han ido pasando los días, nos hemos ido encontrando con dificultades. Por un lado, el centro educativo se encuentra desbordado y aunque este alumno tiene establecido un número de horas semanales, en su informe psicopedagógico realizado por psicólogos de la administración y firmado por inspección y  profesionales implicados en el estudio; estas cuatro horas semanales de atención directa y personalizada (P.T.) y una hora de atención de logopedia no aparecen porque el centro no dispone de ellas.

Por otro lado, los espacios son limitados dentro del aula para esta cantidad de alumnos, porque claro todos entendemos que en estas edades aprender es una tarea que se desarrolla con juegos y actividad, y sin espacios adecuados difícil lo tenemos, en principio.

También quiero contar que a raíz de esta nueva situación, y para mi la gota que colmo el vaso y me hizo reflexionar en todos los aspectos fue uno de los días que subíamos al aula después del recreo la seño iba empujando el carro de este alumno y 25 alumnos detrás. Cuando llegamos a los baños cerca del aula les pedí que fueran los que tuvieran necesidad. Ellos corrieron hacia los baños, mientras otros estaban conmigo fuera esperando y en un par de segundos escuche gritos y llantos porque uno de los alumnos había cerrado una de las puertas del baño y había majado el dedo de un compañero. Un accidente poco deseable pero que pone de manifiesto el desbordamiento que supone en ocasiones atender adecuadamente a niños y niñas de estas edades. Siempre he creído que la necesidad de dos educadoras en las aulas de infantil es primordial para una correcta atención del alumnado pero claro, solicitar esto en estos tiempos es casi utópico. Para mi, igualmente sigue siendo una necesidad de esta realidad educativa y que los que trabajamos en ella entendemos a la perfección.

Solicito desde aquí mejoras urgentes y denuncio a los poderes públicos que tantos recortes hacen y que tantos medios han hecho desaparecer que nuestros niños y niñas canarios necesitan atención, una buena atención educativa que su futuro depende de nosotros y que ellos no entienden de finanzas, ni de recortes. Ellos solo entienden que jugar y ser niños en condiciones óptimas es la mejor de las herencias que podemos dejarles y eso también lo entendemos todos.

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