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La senda, una película de Miguel Ángel Toledo. Por Eduardo García Rojas

TÍTULO ORIGINAL: La senda / AÑO: 2012 / DURACIÓN: 82 min. PAÍS: España / DIRECTOR: Miguel Ángel Toledo / GUIÓN: Miguel Ángel Toledo, Juan Carlos Fresnadillo / MÚSICA: Josep Vicent /FOTOGRAFÍA: Miguel Llorens / REPARTO: Gustavo Salmerón, Irene Visedo, Ariel Castro, Joan Prades, Ricardo Trenor, Raquel Escribano / PRODUCTORA: The Green Stars Films. Con la participación de, entre otros, el Gobierno de Canarias.

Mala suerte ha tenido hasta ahora la carrera comercial en salas de La senda en España, aunque parece que en Méjico –donde circula con el título de El camino del diablo– el primer largometraje de Miguel Ángel Toledo sí que ha captado mayor atención que en su país de origen

Pendiente del estreno del filme en las dos capitales canarias, previsto para marzo y no enero como se anunció en su momento, y vista por fin la película, descubro un largometraje que más allá de su involuntario parecido con El carnaval de las almas y no con El resplandor como insisten algunos, no deja de sorprender pese a sus errores y la cargante manía de su director por contarnos argo trascendente.

La mayoría de los comentarios que he podido leer sobre el filme antes de su visionado insistían en la debilidad de su guión, que firma el mismo Toledo junto al también cineasta tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo, pero creo que es una manera de reducir las cosas, así como la de invitar a la audiencia a que arroje a la hoguera un trabajo que, si por algo respira, es precisamente por la escritura que lo respalda.

En este sentido, La senda más que una película fantástica es una película que lo tuvo difícil al pretender contar una historia a través de las percepciones –y por tanto reales pese a su carácter onírico, de pesadilla– que tiene su protagonista, un diestro jugador de ajedrez que intenta recomponer a su familia y dejar de lado sus adicciones, en especial el tabaco, y que interpreta Gustavo Salmerón.

La senda, como sospecho quiere indicar su título, quiere mostrarnos así el difícil camino que emprende su ególatra protagonista primero para volver a unir a su familia y segundo para comprobar si tiene la misma fuerza de voluntad que emplea ante esa metáfora del campo de batalla que es el tablero de ajedrez.

Con todo, y pese a su correcta factura técnica, pese al más que correcto trabajo de sus actores –el ya citado Salmerón, Irene Visedo, Ariel Castro y Ricardo Trenor–, pese a la ominosa presencia de que algo no va bien en esa casa apartada en algún lugar de la montaña sin nombre, La senda tarda demasiado en coger carrerilla porque su presunta linealidad se resquebraja en pequeñas situaciones que, queriendo pero no siendo inquietantes, más que provocar la atención del espectador termina por descolocarlo.

Armar así las piezas del puzzle que propone la película termina por convertirse en una tarea no ya complicada sino mucho me temo que innecesaria, aunque hay momentos sobresalientes en el filme. Instantes que supieron sobrecogerme en el sofá como la partida de ajedrez en la que el hijo responde a los movimientos del padre mientras juega con una marioneta que acerca a su oido.

Me descoloca de todas formas que para generar estas sensaciones, sensaciones que a veces te tocan, sensaciones en las que a veces te sientes implicado, Miguel Ángel Toledo haya recurrido a una dirección de actores bastante fría, gélida. En la que como espectador exigía más silencios –aislamiento– que diálogos.

En todo caso, y a su favor, La senda advierte desde un principio que algo raro pasa con el protagonista. Un personaje insólito y por ello con potencial atractivo: es cerebral y delirantemente intuitivo. También poco o casi nada instintivo.

Y esa atmósfera de déjà vú –y con la que el cineasta juega y bien con el paisaje– se vertebra en un triángulo donde al padre, la madre y el hijo se suma, en la alta montaña, un cuarto personaje a través del cual se desencadena la acción.

La senda es así una cinta que pese a su equivocado recorrido, pese a su más que cantado the end, no deja de sorprender. En especial por el clasicismo con el que Toledo rueda una película en la que si bien se aprecian notables vacíos, tiene también momentos de excelente factura cinematográfica.

No es pues La senda una película redonda. Pero tampoco es un producto al que condenar al arroyo. Se deja ver e intriga, y se agradece que trate con guantes de seda un género, como es el fantástico, no acostumbrado a que lo cuiden de forma tan delicada y serena.

Así que puede que sea por eso, por seducir y no mostrar, por inquietar a ratos y no asustar con continuidad, lo que resalta de una película cuya mayor pretensión es la de entretener digamos que con cierta clase.

Una pena, pues, que su carrera comercial en los cines de esta Expaña nuestra no haya tenido el destino que se merecía. Aunque se puede adquirir ya la copia en dvd.

La senda, a mi juicio y como ópera prima, resulta con todos sus defectos un producto atípico en eso que mueve al cine español actual, más decantado por el efectismo y la comercialidad. Y una apuesta, si quieren arriesgada, por tantear un género como es el fantástico con otra mirada.

Una mirada preocupada por indagar en ese monstruo que, cuentan lo que lo han visto, te devuelve su reflejo cuando te asomas al abismo.

Saludos, buenas noches, buena suerte, desde este lado del ordenador.

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