FIRMAS Salvador García

El grito desesperado de RNE. Por Salvador García Llanos

Un grupo de trabajadores, unidos con el título colectivo Salvemos RNE, lanza un grito desesperado. “Esta no es la radio que queremos hacer”, dicen en el arranque de una carta dirigida “a los ciudadanos de este país” que es bastante reveladora de la experiencia que están viviendo desde que accedieron a la dirección los actuales responsables.
No quieren intromisiones políticas ni sesgos. Por eso rechazan también los que pudo haber en el pasado. Quieren la radio de los últimos años, una etapa en la que “la ideología quedó al margen y pudimos trabajar con libertad y con criterios exclusivamente profesionales… [Una etapa] que ha sido reconocida dentro y fuera de España, y por gente de todas las ideologías”.
Se ve que tampoco son buenos tiempos para la radio pública, cuando sus trabajadores denuncian públicamente “la manipulación y el sectarismo”, doble factor que conduce inevitablemente a la pérdida de credibilidad y de calidad en la programación. La conclusión de su carta a la ciudadanía es terminante: “Una radio en la que hemos pasado de la seriedad y la exigencia, a la desorganización, el desconocimiento y la despreocupación”.
Tiene que ser durísimo trabajar en las condiciones que se adivinan  en este escrito, algunos de cuyos párrafos hay que reproducir textualmente para apreciar el malestar que anida en Radio Nacional de España. Por ejemplo, éste, bastante significativo: “…Deben saber que estamos hartos de que a los trabajadores se nos tenga por un ejército que está ahí para obedecer las instrucciones de unos o de otros aunque sean opuestas, ilógicas e injustas. Estamos agotados de que nuestras carreras profesionales fluctúen o ni existan por razones ajenas a nuestro trabajo. Por no aceptar órdenes políticas o porque otros las aceptan demasiado. Y lo que es peor: estamos tristes porque sabemos que no hay mayor mal para una radio que estar cambiando constantemente las voces, los programas y las formas. Porque así es imposible fidelizar oyentes. Y ahora que habíamos empezado a conseguirlo, volvemos a tirarlo por tierra”.
Es fácil deducir que se trata de un grito desesperado.
Conocemos la casa. Colaboramos en los informativos de la radio pública en la segunda mitad de la década de los ochenta. Y luego, siendo José Antonio Pardellas director del Centro Emisor del Atlántico, tuvimos, gracias a su generosidad y confianza, la oportunidad de conducir un programa de opinión que, con frecuencia semanal, se mantuvo ininterrumpidamente durante tres años en antena. Nunca hubo una consigna ni una indicación: invitamos a quienes quisimos y el programa fue un desfile de testimonios que reflejaban la pluralidad política a la vez que un enfoque riguroso de la actualidad canaria y de más allá. Recordamos, por ejemplo, cuando en un día de reflexión de campaña electoral y era norma no emitir opiniones ni valoraciones, hicimos un programa en directo que, pletórico de datos relativos a la jornada de comicios en Canarias, mereció, nada más terminar, el reconocimiento de los estados mayores de organizaciones políticas que nos terminaron pidiendo los datos que ¡ellos no poseían!
Gran elenco de profesionales el de aquella época en Radio Nacional de España en Canarias. Su cobertura era una garantía. Ahora, jubilados una buena parte de ellos, asistirán atónitos a esta situación. Y los actuales, pendientes de una reorganización interna sobre la que pende las incertidumbres de alguna supresión.
Hoy en día, las penurias caracterizan la radio pública que cumplía hace nada setenta y cinco años. Escriben sus trabajadores que han desaparecido la espontaneidad, los debates, la tensión informativa. Se ha apagado la redacción. “Todo ha desaparecido para dar paso a un silencio motivado por el miedo a las represalias”: cuando hacen una afirmación de este tipo, no son necesarias muchas explicaciones más.
Pero no se rinden. Y es entonces cuando aplaudimos su resistencia y su espíritu disconforme que no busca situaciones funcionariales acomodaticias sino dignidad profesional, un ejercicio libre en una cadena de servicio público que logró en el pasado altas cuotas de respeto y de credibilidad. Además de esta carta a los ciudadanos españoles, ya están activos en las redes sociales donde alzan su voz para no ceder ante la presión y la manipulación. Anuncian que no se agotarán con tal de elevar el nivel y de situar a la emisora donde realmente tiene que estar, a la altura de las que compiten y elaboran un esmerado producto radiofónico.
Animo y suerte.

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