FIRMAS Juan Velarde

Superar la agorafobia. Por Juan Velarde

No soy psicólogo, ni psiquiatra, ni psicoterapeuta ni nada por el estilo. Desconozco hasta extremos insospechados cómo funcionan las conexiones neuronales de nuestra mente. Son un universo inexplorado y hasta diría que inexplotable. Para arreglar los discos duros de los ordenadores tenemos informáticos, pero, ¿y para solventar ciertos problemas que surgen en lo más profundo de nuestro cerebro? ¿cómo podemos solucionar, por ejemplo, algo que puede parecer tan nimio como la agorafobia o el miedo a estar en espacios abiertos?

En esta ocasión, aunque la psicología no es mi especialidad, siquiera de lejos, me escriben para que, con palabras inteligibles, pueda relatar a otras personas cómo superar esta situación de bloqueo mental, algo que puede parecer desde fuera una completa tontería para quien no lo ha sufrido, pero que para quien lo padece puede llegar a resultar una tremenda incomodidad que, de no ponerle freno o remedio acaba convirtiendo a ese individuo en un ser antisocial, pero no por mor de una mala educación, sino porque siente verdadero pánico a enfrentarse a cualquier tipo de actividad que tenga lugar fuera de su propio hogar.

Evidentemente, no es sencillo para quien lleva tiempo padeciendo la agorafobia que la elimine de raíz. Esto es como quien pretende estar hecho una sílfide de hoy para mañana después de haberse pegado unos buenos homenajes gastronómicos en invierno. Los kilos que se cogen en tres meses, normalmente, por mucho que nos empeñemos, no se sueltan tan rápido. Si nos empeñamos, igual en mes y medio o dos meses se consigue, pero hay que echarle trabajo físico y fuerza de voluntad y alejarse de las tentaciones. Con la agorafobia pasa igual, que después de un tiempo sin tener contacto con el exterior, no vamos a readquirir las habilidades sociales en 24 o 48 horas. Hará falta una progresión.

El truco más sencillo, precisamente, para quienes pretenden erradicar esa enfermedad es, precisamente, no quedarse en casa. Sí, no es sencillo de ponerse manos a la obra, pero es que justamente es el único tratamiento posible. Un psicólogo o un psiquiatra podrá venderte bonitas realidades, darte millones de consejos, pero él no te va a llevar de la mano ni te va a levantar del diván para que salgas a la calle. Eso tienes que hacerlo tú y cuanto antes pongas medidas para solucionarlo y antes te des cuenta del problema, antes iniciarás el proceso de curación.

Precisamente, un buen comienzo es hablar del tema con algún familiar o algún amigo y pedirle que te ayude y acompañe, por ejemplo, para dar una simple vuelta a la manzana de tu bloque de viviendas. Luego cuando tengas más confianza trata de ir a un parque. No te presiones, tómate tu tiempo. Poco a poco podrás, superarlo y luego hasta ponerte ya el reto de salir fuera de tu ciudad, hacer turismo y disfrutar de un mundo maravilloso y lleno de agradables sorpresas.

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