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Cien veces George Cukor. Por Eduardo García Rojas

El pasado miércoles se cumplió exactamente veinte años de la desaparición del cineasta norteamericano George Cukor.

¿Qué quién fue Cukor?

De su extensa filmografía citaría dos comedias, Historias de Filadelfia y La costilla de Adán para refrescar su desmemoriada memoria cinéfila.

Claro que si ni con esas lo consigo ¿les suena Ha nacido una estrella?, la versión en la que se movieron como pez en el agua James Mason y Judy Garland; ¿la deliciosa Nacida ayer?, en la que una hoy injustamente olvidada Judy Holliday desarmaba literalmente al siempre apuesto William Holden y ¿qué me dicen de ese inquietante suspense que continúa siendo Luz de gas?, título que muchos aún empleamos para definir cierto comportamiento (in)humano.

La historia afirma que George Cukor fue un director de actrices, y que esta fue la razón que provocó que lo despidieran del rodaje de Lo que el viento se llevó cuando Clark Gable se percató que el cineasta se preocupaba más de ellas que de él…

No sé si es cierto este rumor, pero en una película como Lo que el viento se llevó la firma del director se disuelve cuando la cinta aún respira pese al paso de los años y su latente mensaje racista. Lo que el viento se llevó es, en este sentido, una obra que se encuentra en los territorios del más allá del bien y del mal y uno de esos títulos de referencia que ha forjado al gigantesco cine norteamericano.

Lo que hace actual el cine de George Cukor, plagado de obras maestras pero también de películas muy irregulares, es que todavía desconcierta.

Imagino que por eso muchos cacarean cuando afirman que fue el mejor en representar la guerra de sexos, también en presentar mujeres con carácter muy fuerte pero sin renunciar a su poderosa feminidad.

En este sentido, creo que Katharine Hepburn dio lo mejor de sí en manos de Cukor, y que me perdone George Steven y Frank Capra. Lo mismo diría con la adorable Judy Holliday, una actriz, reitero, de la que hoy apenas nadie se acuerda.

También dirigió a Marilyn Monroe en la tremendamente cool El multimillonario. Un musical en el que daba réplica a la actriz más hot el actor más cool de la historia del cine: Yves Montand.

Entre otras películas, me conmuevo con Cukor cuando vuelvo a ver My fair lady, y eso que cuando la descubrí por primera vez se trataba de su versión doblada. Una de aquellas despreciables versiones dobladas donde además de doblar al actor se doblaban las canciones.

A mi me encanta Rex Harrison haciendo de profesor Higgins, y me rompe el corazón Audrey Hepburn –de quien, por cierto, el pasado 20 de enero se cumplió el décimo aniversario de su muerte– como Eliza Doolittle, el patito feo que se transforma en cisne. Eso sin mencionar a su excelente y muy británico reparto de secundarios.

La última película de Cukor, que rodó dos años antes de su muerte, fue Ricas y famosas, protagonizadas por Jacqueline Bisset y Candice Bergen en pleno esplendor de su madurez. Es probable que si la repescan ahora le sepa a cine un tanto roñoso, pero más que por la historia –yo diría que aún radicalmente audaz y tremendamente femenina que no feminista para estos tiempos que corren–  por la época, principio de los ochenta.

Con todo, creo que es un buen testamento cinematográfico que sin llegar al apogeo de sus grandes y revolucionarias películas, concluye la carrera de un director cuya obra apenas se resiente con el paso de los años.

Eso que dicen es un clásico.

Cuando le pregunté hace once años a una alucinada Bisset, invitada como jurado de reina del Carnaval de esta ciudad en la que vivo: ¿cuál fue el mejor director con el que ha trabajado? La actriz de La noche americana (François Truffaut, 1973) no tardó ni medio segundo en responderme: “George Cukor, of course.”

Después, y como todo aficionado que se precie, le pedí que se fotografiara conmigo.

Saludos, qué grande fue el cine, desde este lado del ordenador.

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