FIRMAS

Diálogo y lealtad. Por Antonio Alarcó

La actual situación socioeconómica, marcada por preocupantes índices de desempleo, exclusión social y desafección con la noble actividad política, siempre ha exigido máxima seriedad, reflexión y lealtad. Más que nunca, toda solución ha de partir del diálogo sincero y ha de implicar a todos los entes sociales.

Producto de este hecho constatado, nace la invitación del Partido al Gobierno de Canarias para dar respuesta a parir del consenso a las necesidades de las Islas, acorde con la propuesta planteada también por el presidente de CC en Tenerife, a la que nos sumamos en su día.

La respuesta de Paulino Rivero es contraofertar una propuesta de acuerdo sobre políticas concretas de su interés y racionalización administrativa, del que encima se desdice en 48 horas, alegando que no tiene prisa alguna en llegar a acuerdos.

Los localismos nunca han resuelto nada, y si la crisis está afectando más seriamente al Archipiélago es precisamente porque se ha seguido la hoja de ruta equivocada. De hecho, esa actitud dialogante no parece obedecer al interés de los ciudadanos, sino a la tensión que acogota a los miembros del pacto PSOE – CC.

Lo escrito tiene memoria, y conviene recordar que el Ejecutivo regional ha hecho gala de un victimismo injustificado, culpando al Partido Popular y al ministro canario José Manuel Soria de todos los males.

La deslealtad institucional demostrada durante el año 2012 no tiene precedentes en Canarias, y buena prueba es el llamamiento del Gobierno de CC y PSOE a la rebelión hace pocos meses, mientras hacían suyas las medidas que los distintos Ministerios planteaban.

Hablamos del aplazamiento de la deuda autonómica, del Plan de pago a proveedores que dejó 650 millones de euros para pagar miles de facturas a empresas canarias, o del Fondo de Liquidez Autonómico, al que Canarias se acogerá en 2013 por segundo año consecutivo. Lo cierto es que a la facción de CC que Rivero representa le ha faltado predisposición al diálogo, pero le han sobrado ganas de obtener rédito cortoplacista. ¿O acaso hemos de recordar cómo se abstuvieron en la aprobación del Fondo de Liquidez, o cómo sus diputados en el Congreso se opusieron a incrementar la ayuda a parados con cargas familiares?

Ahora que cojea el argumento del maltrato estatal, ahora que Canarias es testigo de que PSOE y CC recortan en prestaciones sociales antes que en burocracia, ahora que las recetas del Partido Popular han permitido reducir el déficit del Estado que nos legó el Zapaterismo al que algunos nacionalistas como Rivero u Oramas se abrazaron, es cuando llega el momento de ofrecer diálogo.

Mal que les pese, el Gobierno de Canarias, que recientemente anduvo por Bruselas paseando una estrategia de empleo basada en la consecución de fondos comunitarios, y terminó sembrando la alarma sobre nuestro Régimen Económico y Fiscal, tendrá que contar siempre con el Partido Popular. De hecho, Rivero no tiene poder de decisión alguno.

Solo a través de nuestros eurodiputados, con los que jamás se ha reunido, y del Gobierno de la Nación, podrá negociarse el encaje de Canarias en el presupuesto 2014 – 2020, así como la reforma del REF. Esta escenificación, entonces, carece de todo sentido. Preferiríamos profundizar en la segunda parte del acuerdo, centrada en la racionalización administrativa, donde el Gobierno regional tiene todo por hacer. El Partido Popular ha hecho llegar su propuesta seria de diálogo hace un año y la ha recordado esta semana. Arranca de una reducción real en el número de consejerías y un plan de ajuste en las sociedades, empresas y fundaciones públicas de la comunidad autónoma.

Liberar recursos para evitar la competencia pública con la actividad privada es la única forma de lograr crecimiento y empleo, evitando que las instituciones compitan con los particulares.

Nunca nos hemos alegrado de que las cosas vayan mal y estamos dispuestos a colaborar con la solución de los problemas de Canarias, que se arreglan con acuerdos, renunciando al victimismo y a la confrontación. Todo lo demás es palabrería.

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