FIRMAS Marisol Ayala

La nueva Ruth. Por Marisol Ayala

La travesti que protagonizó el mayor escándalo nacional de la cirugía estética por administrar miles de inyecciones de silicona, recupera su vida.

Hace tres años que dejó la droga, ha subido de peso y se gana la vida limpiando viviendas.

“Ahora soy otra, he vuelto a vivir. La heroína es muy puta, no te suelta; se llevó todo lo que gané”.

Está el borde de los 60 años (17.5.1954). La conocen por Ruth pero se llama Pedro Alfonso Socorro García y es la transexual más popular de las islas. En enero del 2003 su nombre, su historia, su delito, dio la vuelta a España. Fue cuando se supo que llevaba varios años inyectando silicona líquida en peluquerías canarias de manera que de pronto se convirtió en protagonista de un escándalo sin precedentes en la historia de la cirugía estética en España. Denunciados los hechos por mujeres a las que inyectó esas sustancias, Ruth fue detenida y condenada e imputadas las propietarias de los salones de belleza ubicados en Lanzarote y Las Palmas de Gran Canaria que le dieron cobijo y contrataban sus “pinchazos” para ofertarlos a la clientela y compartir los beneficios. Ruth puso siempre como excusa de lo sucedido su voraz adicción a las drogas duras, crack y heroína especialmente.

La Ruth de hoy, durante la entrevistaLa nueva Ruth de hoy, durante la entrevista

Han transcurrido justo diez años -enero del 2003- de aquel suceso y hoy es otra persona. Una nueva Ruth. Ha dejado la droga, trabaja en la limpieza de viviendas, ha recuperado a su familia y su aspecto no tiene más que ver con su pasado esquelético, enfermizo. Es otra. Ha ganado peso y hace tres años que estaba en tratamiento en la Unidad de Toxicología del Hospital Insular que la consejería de Sanidad ha cerrado y eso le angustia. Justo ese cierre es lo que le ha animado a volver a la prensa, dar la cara; “Han cerrado un servicio médico que pone en peligro la integración de muchos drogadictos entre ellos yo misma y eso es muy peligroso”. El encuentro se produce en los salones del Hotel Reina Isabel donde Ruth posa y es reconocida por algún cliente “¿Eres Ruth…?”, le preguntan. Ahora tiene aspecto de una señora.

En ese escenario y con refresco como único exceso reconoce que “me he fumado millones en droga, pero se acabó. Mira, yo estuve en varios centros para dejarla pero la heroína es muy puta, muy cabrona: Te atrapa, no te deja. ¿Por qué empecé el tratamiento en el Insular?, porque en algún momento de lucidez vi cómo se iba muriendo o enfermando la gente con la que paraba y cuando ya me condenaron por los “pinchazos” me dieron la opción de cumplir condena con un tratamiento y no lo dudé”. Un informe médico de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital Insular detalla que desde noviembre del 2000, Ruth/Pedro está en tratamiento y precisa los trastornos psíquicos que le ha producido el consumo. Tras múltiples recaídas, señala el escrito, “la paciente se muestra abstinente durante muchos meses”. Destaca asimismo el correcto comportamiento y la asistencia a todas las consultas programadas por el equipo terapéutico. Cuenta Ruth que en el túnel de Zárate, barrio en el que ha vivido, se ha pasado meses y meses desde la cinco de la mañana a las cinco de la tarde haciendo “trabajos” por 18 euros para poder mantener su consumo. “Pero, o salía de ese entorno y me apartaba de esa gente, o me moría. Yo no llegaba ni a los 45 kilos, era un saco de huesos; no tenía fuerzas ni para caminar y lo que veía a mi alrededor era basura así que pedí ayuda. Sabía que no era fácil, que la droga es muy dura, que te atrapa, pero me dije “conmigo tú no puedes, coño”. Y así ha sido. Tiene ganas de contar su progreso y no tiene freno.

Ruth, hace cuatro añosRuth, hace cuatro años

“¡Muchacha, que se me caían los calzones!, llevaba la talla de una niña y eso que ya voy para sesenta años pero lo mejor que me ha pasado ha sido recuperar a mi familia que estaba harta de mí, normal, porque me lo llevaba todo”.

Comenzó a consumir drogas a mediados de los años noventa, cuando regresó de Barcelona porque su madre estaba enferma; en su primera entrevista de prensa y ante el juez reconoció que todo lo que ganaba “se lo llevaba la droga”. Sus andanzas fueron seguidas durante meses por todos los medios del país y en dos ocasiones vendió la exclusiva de su caso a programas estrella de la cadenas nacionales en cuyos platós relató, aturdida por el consumo de droga, lo sucedido. Fue detenida el viernes 24 de enero 2003 en el aeropuerto de Las Palmas cuando regresaba de un programa de tv nacional y desde allí conducida al centro penitenciario de Tahiche (Lanzarote) hasta que una fianza facilitó la libertad y ya en la calle comenzó a deambular por las islas en busca de un techo pero era difícil y optó por buscarse la vida como podía, que no fue otra que “guardacoches”, hasta que finalmente se sentó ante un jurado para responder de su delito. Durante diez años Ruth trato sin éxito de dejar la droga pero lo tenía complicado porque se movía en un círculo peligroso, el de las adicciones y la prostitución.

Antes de trascender que la travesti ejercía de “gurú” de la silicona líquida un día Ruth abrió el gas de su casa, en el periférico barrio de Zárate, en Las Palmas de Gran Canaria, para suicidarse. Frustrado el intento, un juez, advirtiendo que había puesto en peligro la vida de sus vecinos, le prohibió que se acercara al domicilio. Cuando se convirtió en protagonista del escándalo de la silicona una amiga la escondió y le dio techo y cama.
Acusada de realizar sin ningún tipo de titulación aumentos de mamas y labios en peluquerías de Lanzarote y Gran Canaria con la connivencia de las dueñas, y de usar para ello una sustancia no autorizada para fines estéticos -la silicona líquida- Ruth, lejos de entonar el mea culpa, se muestra orgullosa: «He puesto miles de inyecciones», declaró. Ignorancia.

Así era RuthAsí era Ruth

«Y  administraba anestesia y aceite de silicona con agujas de insulina por ignorancia y por la necesidad. Se lo vi hacer a un doctor con el que trabajé y por eso me decidí a pinchar yo». Con estas palabras confesó Ruth ante el juez. Pero eso ya es el pasado.

La condena

El Juzgado de lo Penal número 4 de Las Palmas condenó al transexual Pedro Alfonso Socorro García, conocido como “Ruth”, a un total de un año y seis meses de cárcel y una multa aproximada de 1.080 euros por tres delitos de lesiones por imprudencia grave y un delito de intrusismo profesional por administrar inyecciones de aceite de silicona en peluquerías y viviendas particulares en la capital grancanaria y en Arrecife (Lanzarote). La sentencia condenó también a Pedro Socorro y a tres personas como autoras responsables de un delito de intrusismo profesional, concurriendo la circunstancia atenuante por analogía de dilaciones indebidas, a la pena de tres meses de multa a razón de seis euros diarios. Asimismo le condena como autor responsable de un delito de lesiones por imprudencia grave, concurriendo la circunstancia atenuante por analogía de dilaciones indebidas, a la pena de 90 días de multa a razón de seis euros diarios, y autor de tres delitos de lesiones por imprudencia grave, concurriendo la circunstancia atenuante por analogía de dilaciones indebidas, a la pena para cada uno de ellos de seis meses de prisión. Ruth no ingresó en prisión por carecer de antecedentes y le concedieron la supresión de la pena si se sometía a un proceso de desintoxicación. Al declararse insolvente, la posibilidad de indemnizar se esfumó.

No era fácil y lo logró

La historia de Ruth es una de esas historias especialmente atrayentes desde el punto de vista periodístico. Su caso caló tanto socialmente que diez años despues de su lamentable y escandaloso salto a la fama su cara es reconocible y sus peripecias comentadas. A lo largo de estos años la he visto cinco o seis veces y en una de esas ocasiones su estado de drogadicción era tal que le impedía siquiera hablar de manera que paré un taxi y le di la dirección de la amiga que la cobijaba. Si he de ser sincera nunca pensé que Ruth fuera capaz de reconducir su vida, pero me equivoqué. Hace tres semanas se puso en contacto conmigo a traves de un amigo médico. Sabía que yo estaba decepcionada con su locura y por eso, sabedora, lo primero que escuche de ella fue un “Soy Ruth y ya no me drogo. Quiero hablar contigo”. Y era verdad. Es otra persona, otra mujer.

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