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Expediciones científicas en el puerto de Tenerife (Siglos XVIII y XIX) Por José Manuel Ledesma

La posición geográfica del puerto de Santa Cruz de Tenerife respondía a las exigencias de una primera y necesaria “estación de servicios” para las expediciones científicas de circunnavegación procedentes de Europa.

A mitad del siglo XVIII las ambiciones coloniales de las Monarquías del viejo continente promovieron viajes oceánicos que, a pesar de que en gran parte obedecían a estímulos científicos, tenían por objeto implantar su soberanía en lejanas tierras o en afirmar supuestos derechos de dominio en territorios descubiertos o explorados.

La finalidad de estos periplos eran los estudios científicos, geográficos y cartográficos; por ello, junto a los marinos, viajaban hombres de ciencias que llegaron a aportar una importante documentación sobre la historia natural y la etnografía de las regiones exploradas. Como todas estas expediciones eran seguidas de la publicación de un detallado relato del viaje, el conocimiento del Archipiélago aumentó rápidamente en el mundo civilizado.

La primera expedición francesa de circunnavegación del globo fue confiada al oficial de la marina Bougainville, al que le seguirían los viajes de Cook; ambos servirían para completar los descubrimientos geográficos y perfeccionar la cartografía de las costas e islas del Pacífico y Oceanía.

Cook estuvo en el puerto tinerfeño desde el 1 al 4 de agosto de 1776. La expedición había sido organizada por la Royal Society de Londres con el fin de encontrar un paso marítimo en América del Norte; llegaron a alcanzar el estrecho de Behring pero los hielos le impidieron proseguir y tuvieron que pasar el invierno en las Islas Sanchwich, donde Cook murió (14/02/1779) intentando apaciguar un conflicto de los oriundos.

En el relato de este viaje, a bordo del Resolution, Cook recomienda el Puerto de Santa Cruz de Tenerife como perfectamente adecuado para servir de escala, hacer la aguada y obtener frutas. El Dr. Anderson, naturalista y médico de la expedición, aconsejaría a los doctores de su época que enviaran a sus pacientes a Tenerife debido a la uniformidad de la temperatura y la benignidad del clima …»el aire y el clima son notablemente sanos y particularmente apropiados para prestar alivio a enfermedades tales como la tuberculosis»…


En la primavera de 1777 llegó al Puerto de Santa Cruz de Tenerife una expedición inglesa organizada por el jardín Botánico de Kew, situado al O. de Londres. Francis Masson permaneció en la Isla durante seis meses recolectando plantas y semillas para los botánicos coleccionistas de exóticos ejemplares. Las cuarenta plantas endémicas de las Islas Canarias recogidas por Masson serían clasificadas, por primera vez para la ciencia botánica, por Linneo padre e hijo. A estas especies se sumarían las descritas por Willdenow y L´Heritier.

El viaje de circunnavegación encomendado en 1785, a Jean-Francois Galaup de la Pérousse, está considerado como el prototipo de las expediciones científicas de la época. Realizado bajo el patrocinio de Luís XVI, a bordo viajaba un equipo formado por naturalistas, astrónomos, físicos, químicos, geógrafos, paisajistas, jardineros, etc. Las dos fragatas que la integraban, La Boussole y L´Astrolabe, fondearon en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife desde el 19 al 30 de agosto de 1785, tiempo en el que cargaron, entre otras cosas, 60 pipas de vino en cada barco. Instalaron un observatorio en tierra y determinaron la longitud y latitud de Santa Cruz (18º36´30´´y 28º27´30´´).

En el primer jardín flotante en la historia de la navegación (La Bounty) se adaptó una amplia cabina con ochocientas macetas para trasladar plantas del árbol del pan, desde Tahití a las Antillas británicas, con el fin de que sirvieran de alimento a la población de esclavos y trabajadores. La Bounty fondeó en la rada de Santa Cruz de Tenerife, entre el 4 y 10 de enero de 1788, al mando del capitán Willian Bligh, con el fin de reparar los daños sufridos por un temporal a los pocos días de salir de Inglaterra, y de paso obtener frutas y agua. Una vez en la Isla, se pidió autorización para visitar las montañas en busca de plantas y curiosidades naturales, entre las que destaca la adquisición de piedras para destilar agua. Los hechos acaecidos a dicha expedición, darían lugar a la novela La Rebelión de la Bounty y a la película Rebelión a bordo, donde se narran las aventuras del segundo oficial, Christiam, quien se alzó con el buque y acabó sus días en la isla Pitcairn, del Pacífico.

La mayor expedición emprendida por la Corona de España fue la realizada bajo el mando del marino y astrónomo italiano Alejandro Malaspina.
La expedición Malaspina, compuesta por botánicos, naturalistas, astrónomos, antropólogos y varios pintores y dibujantes, hizo escala (1789) en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, tiempo que aprovecharon para calcular la posición del Teide. El periplo, a bordo de La Atrevide y La Descubierta, tendría un resultado muy positivo en el orden científico: sesenta mapas y láminas, grandes colecciones de historia natural, series de dibujos sobre paisajes, ciudades, costas y mares de América y Oceanía.

Promovidas por la Asamblea Nacional Francesa (1791), el 13 de octubre de 1791 fondearon en la rada de Santa Cruz de Tenerife, La Recherche y L´Espérance, a bordo de las cuales viajaba un grupo compuesto por naturalistas y dibujantes al mando del General Bruny d´Entrecateaux, quien realizó, durante cinco días, una excursión al Teide con el fin de estudiar la laurisilva y la violeta del Teide, y recoger gran cantidad de productos volcánicos y plantas. Los buques portaban armamento para responder a cualquier ataque enemigo, pero también almacenaban en sus bodegas gran cantidad de quincalla con el fin de impresionar a los habitantes de las islas del Pacífico.
De este viaje se hicieron varias narraciones. La más conocida es del naturalista Labillardiére, quien dice sobre el puerto: «en la plaza se ve una bonita fuente y el agua para abastecer a los barcos se trae desde muy lejos, a través de las montañas, por conductos de madera»…

En 1796, La belle Angélique, al mando del capitán Baudin, fondeó para reparar las averías ocasionadas por un temporal, en su ruta desde Le Havre a Las Antillas. Durante los cuatro meses que tardaron en reparar el barco, los naturalistas, que habían alquilado una casa en Santa Cruz, tuvieron la oportunidad de recorrer la Isla estudiando sus características, su flora y su fauna. Un científico de la expedición, Mauger, recogió 60 especies de la avifauna insular, sedentaria y migratoria, que serían expuestas en las galerías del Museo de Historia Natural de París. Esta colección, así como las de reptiles, insectos y moluscos y dos cajas de minerales y rocas, aparecen publicadas en su primera lista de la literatura científica de las Islas Canarias. Mauger, acompañado de Ledru, visitaron Tegueste y enumeraron los 50 dragos allí existentes; expusieron las características del bosque de Agua García, y redactaron, a petición de Nava y Grimón, el catálogo de plantas que se cultivaban en el Jardín de Aclimatación de la Orotava.
Alexander Von Humboldt, en su viaje de exploración por las regiones equinocciales del Nuevo Continente, acompañado de Aimé Bonpland, experto en Botánica, llegó al Puerto de Santa Cruz de Tenerife en la mañana del 19 de junio de 1799, a bordo de la corbeta española Pizarro.
Humboldt era consciente del valor y del sentido que una estadía científica en Santa Cruz podría tener como campo de experimentación para un naturalista europeo; por eso, su paso por la Isla será un frecuente punto de referencia en los relatos de su viaje y en su correspondencia científica. El texto de Humbolt es lo más importante que se elaboró en el siglo XVIII sobre el Archipiélago en el campo de la Historia Natural y del que entresacamos los principales aspectos científicos obtenidos.
También, destaca aspectos interesantes del Puerto de Santa Cruz de Tenerife: su longitud, inclinación de la aguja imantada, el bonito muelle de piedra y como puede ser considerado como escala al estar situado entre el camino de América y la India.
Para Humbolt constituyó una gran satisfacción su paso por esta Isla, e incluso manifestó su deseo de residir aquí o la posibilidad de regresar: …»que placer me ha dado la estadía en Tenerife»…; dedicó los más rendidos y ciertos elogios al Valle de la Orotava … «no haber visto en ninguna parte un cuadro más variado, más atractivo, más armonioso, por la distribución de las masas de verdura y de rocas»…

Humboldt

En el siglo XIX, una serie de expediciones marítimas, en busca de importantes colecciones de historia natural para el Museo de París, hacen escala en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife.
En 1800 llegan las corbetas Le Geographe, Le Naturaliste y la goleta La Casuarina en las que viajaban los científicos F. Peron, Bory de St. Vicent y Milbert.
En 1817, llegó Freycenet a bordo de L´Uranie, en un viaje cuya posterior relación aporta una amplia recopilación de documentos sobre estos lugares. En 1822, es Duperrey quien llega con La Coquille en un periplo hacia los mares del Sur.
En 1826, hace una escala marítima y científica en Tenerife el joven naturalista Alcides Dessalines d´Orbigny, experto en el estudio de los moluscos gasterópodos y cefalópodos.
En 1828 arribó al Puerto de Santa Cruz de Tenerife, en su escala hacia Brasil, el botánico inglés Philip Barker Webb. Enamorado de las peculiaridades botánicas que la naturaleza insular le deparaba, permaneció dos años en estas tierras; decisión en la que influyó Sabino Berthelot, joven marino amante de las ciencias naturales. Entre ambos recolectaron los materiales que servirían para la realización de la Gran Historia Natural de las Islas Canarias, un estudio monumental sobre el Archipiélago no superado hasta el día de hoy.
En 1830, un nuevo navegante francés Cyrille Laplace, recala en el Puerto de Santa Cruz cuando realizaba un viaje de circunnavegación a bordo de La Favorite.
El 06 de enero de 1832, hizo escala en Tenerife el famoso Charles Darwin, que viajaba como naturalista a bordo del Beagle, en la expedición del capitán Fitzroy, en su camino hacia América del Sur y las Islas del Pacífico. No se les permitió desembarcar, por temor a que llevasen a bordo el cólera morbo, privando de esta manera los estudios del famoso naturalista. Aunque la cuarentena se le redujo a 12 días, a las 48 horas de estar fondeado, el capitán decidió seguir su rumbo.

En 1842, el geólogo Sainte-Claire Deville llega desde la Isla de Guadalupe (Antillas) a bordo de la goleta La Décidée, con la misión de buscar el insecto de la cochinilla cuya explotación se hallaba por entonces en alza en el Archipiélago; después de soportar una cuarentena, Deville desembarcó y realizó un interesante trabajo geológico sobre Santa Cruz y el Teide. FOTO DE Sainte-Claire Deville no la pongas

La fragata acorazada Numancia, al mando del almirante tinerfeño Juan Bautista de Antequera y Bobadilla, salió de Cádiz el 4 de febrero de 1865 y, tras haber dado la vuelta al mundo, primera realizada por un buque blindado, recaló por Santa Cruz de Tenerife el 16 de Septiembre de 1867. Venía con patente sucia, por lo que no pudieron bajar a tierra sino intercambiar impresiones con las autoridades civiles y militares que se habían acercado en una lancha del servicio portuario. A su llegada a Cádiz y observar que la enfermedad que padecían era el escorbuto, se le redujo la cuarentena.

 

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