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Cartas boca arriba y boca abajo. Por Paulino Rivero

A lo largo de esta última semana, diversos medios de comunicación se han hecho eco de los datos publicados por Eurostats -la página oficial de estadísticas de la Unión Europea-, situando a Canarias como la primera región turística de Europa, por encima de destinos de renombre mundial como Londres, París o Roma.

Canarias es el destino turístico número uno entre los veintisiete estados de la Unión, y ello a pesar de que en dicho estudio se contabilizan las pernoctaciones en campings (instalaciones que en Canarias apenas existen) o de no ser el territorio turístico de la UE con mayor capacidad alojativa.

Somos una potencia mundial, como así lo certifica que en 2011 batiéramos nuestro récord de visitantes, con más de 12 millones de turistas.

Sin duda, una de nuestras principales bazas es un sol que nos acompaña todo el año -a diferencia de otros destinos, que solo pueden disfrutar de él en determinados meses-. Pero por sí solo el sol no lograría atraer –y, sobre todo, mantener y aumentar su cifra cada año- a tantos millones de turistas. Si hemos llegado a ser unos líderes turísticos tan afianzados es porque, ayudados por unas impresionantes potencialidades paisajísticas y ambientales, los canarios hemos hecho bien las cosas.

De hecho, el turismo de sol y playa, tal y como estuvo concebido durante décadas, sufrió hace años un agotamiento que hizo necesario la búsqueda de alternativas y soluciones innovadoras que fueran competitivas, atractivas y duraderas. Fue entonces cuando Canarias optó por un modelo de crecimiento –también en el sector turístico- equilibrado y sostenible, no contaminante, respetuoso desde el punto de vista ambiental, que no consumiera suelo o agotara los que constituyen nuestros principales reclamos, es decir, nuestros paisajes, playas y ecosistema.

Un modelo de crecimiento en el que se ha implicado toda la sociedad canaria, jugando un papel fundamental los agentes públicos y privados –especialmente, los relacionados con nuestra industria turística-. Elegimos entre todos ese camino, y con ese modelo de crecimiento progresamos, avanzamos, mejoramos. Un modelo de crecimiento, el de la sostenibilidad y el compromiso ambiental, que llegó para quedarse.

Los resultados saltan a la vista, y las estadísticas de Eurostats solo vienen a corroborarlos. Estamos en el camino adecuado, como así lo consideran numerosos agentes y organismos nacionales e internacionales que han reconocido y aplaudido la apuesta de la sociedad canaria.

Agentes y organismos que vienen mostrando preocupación y alarma por la aprobación por parte del Gobierno español de los permisos para la exploración de hidrocarburos frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Unos trabajos que suponen para nuestras Islas -para nuestra biodiversidad, para nuestro modelo económico- un riesgo y un peligro perfectamente demostrable, que merece contestación y rechazo.

Los principales agentes y organismos internacionales dan la razón a quienes en las Islas rechazamos las prospecciones y, siendo así, vacían de razones a quienes anteponen el interés de una multinacional al interés de los trabajadores de las Islas.

Ejemplos de esa voz mayoritaria contra las prospecciones los hay, y muchos. Antes incluso de que esas exploraciones fueran aprobadas, el principal turoperador europeo y mundial, TUI, advirtió por carta de las posibles consecuencias que tendría un vertido de petróleo cercano a Fuerteventura -y no solo para la isla, sino para todo el Archipiélago-. En su carta advierten, entre otras cosas, de que un accidente de esas características “asociaría para siempre el petróleo con la marca turística de Canarias”.

Un peligro del que se ha advertido también al Ministerio de Industria, a cuyo titular se ha dirigido también el responsable de la Federación Internacional de Turoperadores (IFTO) y de la de Asociación Europea de Turoperadores (ABTA) en el Reino Unido, Mark Tanzer. Tras conocer que el 16 de marzo de 2012 el Gobierno de España había autorizado las prospecciones,Tanzer se apresuró a dirigir una carta al ministro, en donde –cito textualmente- “en nombre y representación de la industria turística del Reino Unido, expresa su gran preocupación respecto a esta decisión, debido al impacto potencial que estos trabajos pueden tener en el turismo, la gente local, el medio ambiente y la vida marina”.

Tanzer también señala la importancia de las Islas Canarias como destino turístico clave no solo para el Reino Unido sino para los mercados europeos e insiste –y vuelvo a citar textualmente- en que “las exploraciones petrolíferas y la extracción potencial de petróleo pueden tener como consecuencia un daño considerable al turismo de la región”.

No ha sido el único operador internacional que ha alertado del peligro de realizar prospecciones petrolíferas en aguas canarias. La patronal alemana de agencias de viajestambién remitió una carta al ministro en la que advierte de que las plataformas petroleras atentan contra los pasos dados en los últimos años hacia una mayor protección ambiental y utilización de energías renovables.

Para la patronal alemana, las negativas repercusiones sobre la imagen turística de Canarias no vendrían únicamente como consecuencia de un posible vertido, sino que la simple producción petrolera frente a las costas de Fuerteventura y Lanzarote podría provocar que los turistas decidieran buscar otros destinos para sus vacaciones.

Una línea argumental igualmente compartida –nos consta- por destacados hoteleros.

Prospecciones, no quiero dejar de resaltar esta cuestión, ante las que un ex ministro de Exteriores y destacado miembro del Partido Popular, Abel Matutes, hoy presidente del Grupo Nexo, se ha mostrado absolutamente contrario, en este caso en aguas del Mediterráneo. Matutes ha alertado sobre la necesidad de preservar el ecosistema marino “y evitar los potenciales efectos devastadores de posibles prospecciones en las costas de Baleares y el litoral levantino que podrían generar daños irreversibles para el turismo”.

A pesar de éstas y de otras muchas voces, de los dictados más elementales del sentido común, de lo que la historia nos debería haber enseñado ya sobre catástrofes provocadas por malas decisiones, avaricia e imprevisiones del ser humano, a pesar de todo, el Gobierno de España sigue adelante.

Eso sí, seguirán encontrándose con el rechazo y la oposición de ayuntamientos, cabildos, Parlamento y Gobierno; en definitiva, con el rechazo de las instituciones y de una sociedad a la que sorprende que el PP canario no escuche la opinión y las advertencias de los agentes y organismos que he citado o de tantos otros que se expresan en idéntica dirección.

Pongamos las cartas boca arriba. Cartas como éstas a las que he aludido. Cartas que rechazan, alto y claro, las prospecciones cerca de las Islas.

Quienes rechazamos las prospecciones jugamos con las cartas boca arriba. El PP no debe mantenerlas boca abajo cuando defiende a una multinacional por encima de todo y de todos.

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