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¿Es grave, doctor? Por Eduardo García Rojas

INTRO

En Navidades me quemo los ojos, entre ese prodigio llamado Boardwalk Empire y una curiosidad británica titulada Submarine, con una triple sesión de cine malo, malo de verdad.

Y es que de vez en cuando me gusta drenar la cabeza, vaciar de ideas enojosas las pústulas que parecen enquistadas en mi centro de mando, el cerebro. Al mismo tiempo, siento mientras veo estas tres majaderías un atractivo regreso al pasado, ese lugar donde la mirada resultaba inocente y de la que hoy ni me acuerdo.

Lo insólito de este peculiar tratamiento de shock al que me someto de vez en cuando es que tiene algo así como efecto sanador: me reconcilio conmigo mismo. Claro que no sé si lo escribo para darme ánimos o con la resignación y la paciencia del santo Job.

El caso es que, hijas e hijos míos, confieso que hay momentos en los que prefiero quedar tumbado en el sofá viendo estas cosas que digiriendo otro cine, digamos de autor que es como se le llamaba antaño, porque necesito ser consciente de la levedad del ser.

La triple sesión consistió en ver tres películas cafres. De cine de barrio del de verdad.

Pero por cafres, de cine de barrio del de verdad, descubro ahora con presuntos ojos de adulto, que me erotizan, que me hacen reír por su inocencia desarmante y, por último, porque son un caos. Un caos desquiciado y quiero entender agradablemente nihilista. Tal y como me siento ahora.

LAS PELÍCULAS


La décima víctima (Elio Petri, 1965).- Está basada en un relato del conocido escritor de ciencia ficción Robert Sheckley, La séptima víctima, y la protagonizan Marcello Mastroianni, aquí hermoso y rubio como la cerveza, y Ursula Andress, que es una señora que a mi, particularmente, todavía me pone contento. La décima víctima es como Los juegos del hambre pero contado en clave deliciosamente pop. También una versión descacharrante de aquellos chistes en los que había un alemán, un francés y un español en un avión… Pero en versión italiana. Es decir, que Marcello encarna con cierta ironía el mito del macho latino y Andress la hermosa frialdad de una mujer nacida y criada pongamos que en Arkansas. Apunto Arkansas porque en la cinta la Andress es ciudadana norteamericana y no suiza, que es de donde originalmente procede esta sirena hermosa y rubia como la cerveza. Llevaba tiempo detrás de esta película. Lo apunto porque en su momento leí el relato de Sheckley, y el relato disfrutaba aún de grata memoria en mi cabeza pese a que no he vuelto a releerlo. Las expectativas, pero estas cosas pasan, resultaron frustrantes. La décima víctima de Petri no hay quien la aguante, aunque quien ahora les escribe la aguantó gracias a la Andress. Tiene cosas interesantes, y un espíritu crítico graciosillo, pero detrás de la carne de la Andress  y de Elsa Martinelli, que también interviene en esta distopía, no hay esqueleto. No hay nada salvo, ya digo, ideas que entre tanta tontuna se te quedan clavadas en el cerebro. Es la última que veo en esta sesión de cine con trascendencia cero.

El Apocalipsis del planeta de los simios (Kiyo Sumi Fukazawa, Atsuo Okunaka, 1974).- Fue una sorpresa encontrarme esta cinta en una de esas tiendas de dvd usados. No conocía esta versión nipona de la serie El planeta de los simios, y como soy aún un aficionado confeso que no se cansa de ver la primera y la cuarta entrega, y un mosqueado espectador del remake perpetrado por Tim Burton (¡¡¡no pongas tus sucias manos sobre El planeta de los simios, Burton!!!) y de la interesante El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011), me hago con esta chiripitifláutica reinterpretación de los monos con entusiasmo infantil. La cosa, una vez vista, resulta demoledoramente lobotomizadora y pese a que uno le perdone la falta notable de presupuesto, no sabe si darle patadas al televisor u otra cosa. Al final termina ganando la serenidad y me la trago como quien se traga una cucaracha. Y comprendo, a medida que veo El Apocalipsis en el planeta de los simios que también puede haber un chispazo de inteligencia en productos aparentemente de encefalograma plano. No sé si es porque fue después del día de Reyes, no sé si es porque estoy viviendo en estos momentos bajo el signo de capricornio, pero me pongo serio en la última parte de esta película que termina pareciéndose así, de pronto, como quien no quiere la cosa, a 2001: una odisea del espacio proponiendo una cuestión a sus cuatro protagonistas humanos con esa mala, pero mala hostia, que caracteriza a los hijos del país del sol naciente. Dos frases, entre otras grandes frases, de esta pequeña obra maestra del cine del extrarradio: “La venganza es buena” y “el único simio bueno es el simio muerto.” (1)

El gorila ataca (Paul Leder, 1976).- He aquí otra de esas películas que se sacaron de la manga para intentar continuar explotando el filón iniciado por King Kong, cuya primera versión cumple este año su ochenta aniversario. Lo mejor del filme de Leder es su actriz protagonista, Joanna Kerns, aquí, en la película, con el pseudónimo de Joanna DeVarona; y lo peor, pero también de lo mejor, el gorila gigante que hace cortes de manga, destroza media Corea del Sur como si fuera una máquina de guerra enviada por sus hermanos del Norte, le da tiempo de partirle la mandíbula a un tiburón igual de grande que él –y sin que se nos explique el porqué–, y ridiculizar al ejército estadounidense con un oficial que parece sacado del mismo frenopático que esta película que uno, al final, no sabe si tomársela como la gigantesca broma que es o como la también gigantesca tomadura de pelo que es.

FINAL

Que tras esta sesión de confesa cinefilia cinéfila llego a una inquietante conclusión: “Es difícil reponerse de una infancia infeliz, pero puede resultar imposible reponerse de una infancia protegida.” (Frédéric Beigbeder, Una novela francesa)

(1) En los extras, quizá lo mejor del dvd donde viene El gorila ataca y El Apocalipsis del planeta de los simios veo el avance de El planeta de las simias, versión hard porno de… El planeta de los simios. Solo puedo asegurar una cosa: excelente el maquillaje.

Saludos, ¿es grave, doctor?, desde este lado del ordenador.

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