FIRMAS Juan Velarde

Un Real timo. Por Juan Velarde

Un timo, un real timo, tuvimos que tragarnos los ciudadanos españoles la pasada Nochebuena con el discurso de Su Majestad el rey Don Juan Carlos I. Las palabras del inquilino de La Zarzuela han conseguido ser más indigestas que el turrón sobrante del año anterior. Esta figura, tan decorativa como las ovejas del Belén, cada vez está más alejada de la realidad, le da lo mismo ocho que ochenta, le da igual una cacería furtiva o el supuesto trinque y delinque del yerno que mete la mano (digo que jugaba al balonmano). Sus mensajes son como esa lluvia que ya no te moja. Los súbditos nos hemos impermeabilizado hasta extremos tan insospechados que ya casi no nos sobresaltamos ante las vacuas palabras del monarca.

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El happening del 24 de diciembre de 2012 pasará a la historia por ser uno de los más cortos de su regia trayectoria, por evitar pronunciarse sobre los problemas propios y generales y, especialmente, por querer dar una falsa imagen de modernidad. Ver a Don Juan Carlos I sentado sobre la mesa de su despacho era ya lo que faltaba para el euro. De milagro no arrancó su discurso con un “¡Qué pasa, troncos!” ¿De verdad alguien se cree que así van a dar la imagen de un rey cercano, próximo a los ciudadanos, sensible con los problemas? Imagen, pura imagen y pura fachada, una trampa más para evitar lo fundamental, que se hubiese mojado en lo esencial.

Y es que el Rey llegó a poner de fondo los retratos de las bodas de todos sus hijos, sin falta, por supuesto, el de doña Cristina con Iñaki Urdangarín. El de las conductas poco ejemplares ha pasado a ser, de repente, el yerno ideal que te visita en el hospital. ¿Tal vez porque igual la esposa borbónica sabía y consentía y/o participaba en los ‘trinconovich’ de su deportista esposo? Todo es posible y más en una institución tan hermética como La Zarzuela.

Su Majestad no tuvo tiempo para referirse a los parados, a los desahuciados, a quienes son víctimas de una crisis que ha acometido brutales recortes en educación, en sanidad, que congela pensiones o cercena pagas extraordinarias. El Rey sólo habló de una crisis que sí, está ahí, pero pareciera como si fuese una simple nube pasajera, que descarga y ya está. Pues esa nube, le guste o no, lleva muchos años instalada sobre nuestras cabezas, pero parece que a usted no ha debido importarle en exceso, tal vez porque desde Bostuana los elefantes le tapaban la vista.

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