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Viena, capital mundial de la música. Por Juan Velarde

Un placer que nadie debe perderse, al menos los amantes de la música clásica (incluso quienes tampoco son muy seguidores de este estilo) es el tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, una verdadera delicia para los sentidos y que supone la mejor manera de arrancar el nuevo curso, en este caso 2013. Al menos, desde hace algunos años, sacrifico lo que son fiestas que duren hasta altas horas de la madrugada para poder presenciar un evento que llega a millones de personas y por el que hay verdadera fiebre por estar in situ en la capital austriaca. De hecho, ya es casi seguro que para 2014 ni queden entradas (o muy pocas), puesto que es una cita que todo el mundo tiene entre sus prioritarias.

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Éste es el concierto de Año Nuevo más famoso en el mundo y se dedica principalmente a las obras de la dinastía Strauss. Siendo conscientes del altísimo interés que concita el mismo, además de los conciertos principales, hay programadas dos citas previas, el 30 y 31 de diciembre. En esta ocasión el director escogido para el Concierto de Año Nuevo 2012 será Franz Welser-Moest .

La Filarmónica de Viena presenta a su público un programa de sereno y alegre del rico repertorio de la familia Strauss y sus contemporáneos. Estos conciertos no sólo se podrán disfrutar en la Musikverein de Viena, sino en más de 70 países, entre ellos, por supuesto España.

Y si hay algo que no falla en este concierto, a excepción del concierto del 1 de enero de 2005, pocos días del pavoroso maremoto de Indonesia, es finalizar el recital con la interpretación de la alegre y jubilosa Marcha Radetzky. Es habitual que esta obra, compuesta por Johann Strauss padre, cierre el concierto después de haberse interpretado el vals El Bello Danubio Azul, debido a su hijo Johann, el más célebre de la familia Strauss. Ninguna de estas dos obras figuran en el programa, sino que se tocan en calidad de bis o propina, como se suele decir en el argot de los melómanos.

No hay mejor plan para un 1 de enero que, de no haber tenido la ocasión de esta en Viena, ponerse delante del televisor y saborear nota a nota de la música que va saliendo de las partituras de unos músicos que hacen verdadero arte, dan pinceladas de color sonoro a las primeras horas de un nuevo año. Aprovéchenlas, quizá, tal y como pintan las cosas, pocas alegrías vamos a tener a lo largo del 2013, así que empecemos con buena música y cargándonos el alma de positividad.

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