FIRMAS Juan Velarde

‘Il retorno’ de Berlusconi, una broma macabra. Por Juan Velarde

Parece de broma, pero no lo es. Silvio Berlusconi se presenta para ser el mandamás de Italia. Tras salir por piernas por su dudosa gestión y sus fiestas de velinas, el político más surrealista de la nación transalpina anuncia que vuelve a la arena parlamentaria y además asegura que sólo se conforma con ganar, que él no se presenta para obtener únicamente un resultado aseadito. Debe creerse que la democracia funciona como la UEFA de antaño, cuando era capaz de conseguir que un partido empezase de cero (y si no que se lo digan al Estrella Roja de Belgrado, que teniendo al Milán contra las cuerdas y prácticamente eliminado, se justificó que la niebla no dejaba ver nada y el encuentro tuvo que empezar desde el minuto uno).

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Italia no se merece esto, resulta tremendo que de nuevo un payaso como es este siniestro personaje sea quien represente al país a nivel internacional. El prestigio de la nación, remozado algo con el gobierno de Mario Monti, puede caer en picado solo con la simple idea de que este sujeto pueda volver a controlar las riendas de la política. El problema, no obstante, será de esos ciudadanos que tengan a bien (o en este caso a mal) elegir a este elemento para la poltrona.

Por cuestiones mentales y fitosanitarias, Berlusconi debería estar tan alejado de un escaño como un drogadicto de la  heroína o el caballo. Los efectos que produce en él o los de alrededor son destructivos y dejan todo convertido en un verdadero erial. En este caso, hará que Italia vuelva a ser el hazmerreír de la política mundial. Y es que la última etapa de ’Il Cavaliere’ resultó todo lo surrealista que uno se pueda imaginar, con gestos y afirmaciones en foros internacionales que rayaban y traspasaban los límites de lo permisible y de lo soez.

Confío, no obstante, en la inteligencia de los italianos para impedir que se perpetre este atentado a la razón. El señor Berlusconi bastante tiene con soportar su imperio mediático y su club de fútbol. Esta especie de Jesús Gil (QEPD) pero en versión más refinada, aunque no menos sospechosa de los más oscuros tejemanejes, debe recibir el premio que se merece, un castigo bíblico en las urnas.

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