FIRMAS Juan Velarde

Masacre en Connecticut. Por Juan Velarde

La naturaleza humana o, mejor dicho, su mente, es insondable. Cuando suceden tragedias como la acontecida hace sólo unas horas en el Estado de Connecticut, sólo cabe ponerse a pensar de qué estamos hechos las personas para cometer un crimen tan atroz como execrable. Ni el más prestigioso de los psiquiatras creo que pueda dar una respuesta para ponerse en la piel y en el cerebro del inmundo individuo que ha disparado a quemarropa contra todo lo que se movía en ese centro escolar y que, hasta el momento, se salda con el fallecimiento de 27 personas, 20 de ellas niños.

Estados Unidos es un país que, no lo vamos a negar, tiene infinidad de cosas buenas, pero también deja al albur de los ciudadanos que puedan o no proveerse de armamento en sus hogares. No es necesario hacerse licencia en Harvard para poder disponer de la herramienta mortífera más perfecta. Si a eso se le une que el sujeto que maneja el chisme en cuestión es un obseso de la violencia, se traga todos los filmes y series basados en acontecimientos de guerra, ya tenemos el caldo de cultivo para que un imberbe adulto se líe a balazos contra todo aquello que pase por delante.

El debate sobre la libertad armamentística se abrirá nuevamente, pero con la misma celeridad volverá a sellarse porque la historia de matanzas de esta clase en los Estados Unidos es más o menos el pan nuestro de cada día. Hay del orden de 35.000 muertes al año en las que las armas de fuego han tenido algo que ver, bien por esta clase de acciones o bien accidentalmente. Normalmente, cuando dispones en tu casa de un rifle no es para tenerlo como objeto decorativo. Si no es para cazar, es para tenerlo como modo de defensa, sobre todo viviendo fuera de las grandes urbes, pero también es verdad que en una discusión puede ser el recurso más sencillo y ya la tenemos montada. Nos guste o no, esa es la realidad.

Hace años, cuando este tipo de sucesos se producía, siempre se intentaba buscarle una causa directa con los veteranos de la guerra del Vietnam, gente que había quedado tocada del ala y la legión de admiradores que rápidamente empalizaban con esta panda de colgados y descerebrados. Sin embargo, a día de hoy, el único motivo que puede llevar a un tipo a cometer una matanza como la de Connecticut es un exceso de series bélicas, estar enganchado a juegos de guerra para la consola y, evidentemente, una falta de contacto con la realidad. El problema es que nadie quiere reformar la ley para que haya un mejor control y que se examine en profundidad antes de conceder alegremente una licencia de armas.

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