FIRMAS Juan Velarde

Jugar con la necesidad. Por Juan Velarde

La crisis que estamos padeciendo en España desde hace más de un lustro está llevando a algunos empresarios a perder la cabeza. Desgraciadamente, no todos son como el señor Juan Roig, dueño de Mercadona, y un directivo ejemplar, que ha hecho de estos supermercados una seña de identidad en cuanto a calidad y a creación de empleo. Y es que hay quien cree que lo de los puestos de trabajo puede ser algo así como cuando uno va a la feria y se gana un perrito piloto o una pata de jamón. Pueden pensar que estoy exagerando, pero no, lamentablemente la realidad muchas veces supera a la ficción.20121208174111-reyesmagoscampana.jpg

En Santa Cruz de La Palma se les ha ocurrido la ‘genial’ idea a los comerciantes del casco histórico sortear como premio estrella de estas navidades un puesto de trabajo como peón de albañil, a razón de seis meses de curro y un sueldo de poco más de 700 euros. Sí, podría parecer una broma, macabra, dicho sea de paso, pero no. A estos ‘genios’ del comercio palmero no se le caen los palos del sombrajo y creen encima estar haciendo una tarea humanitaria que ni Cáritas. Y todo esto con el consentimiento (pasivo) del ayuntamiento y del Cabildo.

Supongo que tal vez a la publicación de estas líneas la medida haya sido suprimida, aunque fuese por un mínimo de vergüenza torera por parte de unos empresarios que no pueden burlarse de esta manera de familias que sufren diariamente el drama del desempleo en sus hogares. No puede ser que lleguemos al punto de convertir la búsqueda denodada de trabajo en una especie de ‘gran hermano’ o de lotería. Es como si, qué sé yo, de repente nos ponemos a sortear lotes de comida entre los más necesitados, en vez de estar haciendo algo lógico, que será repartir un poco entre todos.

Está claro que un puesto de trabajo no puede dividirse entre varios, pero lo más lógico es que, en este caso, se establezca el oportuno convenio con el Servicio Canario de Empleo o con una entidad local para que esa labor la ejecute quien más cualificado esté. ¿Se imaginan ustedes que, por un casual, le toca en esta rifa laboral a un discapacitado ese puesto de peón de albañil? Pues eso, que a veces las buenas intenciones que habrán tenido estos comerciantes se convierten en un boomerang que les golpea en plena frente porque, sin quererlo, están haciendo una chanza de la gente que se ha visto abocada al temible drama del paro.

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