FIRMAS Marisol Ayala

A propósito de Cubillo, lo que nunca conté. Por Marisol Ayala

Nunca hasta hoy pude contarlo, escribirlo, y si lo hago hoy es porque la muerte de Antonio Cubillo bien vale este relato que solo conocieron el que fue director del Diario de Las Palmas, Santiago Betancor Brito, ya fallecido que escuchó con pasión la charla, larga, muy larga, entre aquella persona y yo. Fue a mediados de los años ochenta. Resumiendo; conocí y entrevisté a la persona que colocó la bomba rudimentaria en un bazar del Aeropuerto de Las Palmas que fue la que propició que aquel domingo de verano de 1977 los vuelos a Gran Canaria, fueran desviados al aeropuerto de Los Rodeos en Tenerife colisionando dos de ellos, en maniobras en pista. Los aviones siniestrados fueron el KLM 4805, vuelo chárter de las líneas aéreas holandesas KLM, que venía desde el aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam, en dirección a Gran Canaria y el vuelo regular PAA 1736, de Pan Am, que volaba desde el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York, procedente del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, California, hacia el aeropuerto de Gran Canaria provocando consecuentemente el accidente con más víctimas de cuantos se han producido en el país.

Antonio Cubillo frente a frente a su sicario Juan Antonio Alfonso

La responsabilidad indirecta fue el escalofriante accidente aéreo de Los Rodeos en 1977, que aún hoy está considerado el peor de la historia de la aviación. Digamos antes que Antonio Cubillo Ferreira, histórico dirigente independentista canario y líder del MPAIAC, que falleció la madrugada del lunes a los 82 años en su domicilio de la capital tinerfeña, reclamó la independencia de Canarias durante toda su vida. Desde un despacho de abogados impulsó el Movimiento “Canarias Libre” y en 1964 fundó el partido que lideraba hasta el día de su muerte. Cubillo consideraba que “entre nosotros, africanos, se encontrará siempre una solución, sin la intervención de terceros y debemos considerar que la contradicción principal que tenemos ante nosotros es el colonialismo español”. El nacimiento del MPAIAC reivindicó desde 1964 la independencia de Canarias así como que los españoles salgan de “las ciudades marroquíes” de Ceuta y Melilla, de las islas Chafarinas y de los peñones de Vélez de la Gomera, Alhucemas y Perejil. Cubillo era partidario de reunir a todos los gobiernos africanos de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, así como los representantes del Sáhara y de las islas Canarias, Frente Polisario y MPAIAC, para intentar acabar con la ocupación española en África, que, a su juicio, es la contradicción principal de África del Norte en estos momentos.

Antonio Cubillo en 1963

Contaré como conocí a quien colocó la bomba en el Aerpuerto de Las Palmas. Un día de mediados de los ochenta un taxista me paró a la altura del Estadio Insular; me pidió que entrada en el coche y hablamos. Teníamos amigos comunes pero era la primera vez que lo veía. Me situó: “¿Sabes la bomba que explotó en el aeropuerto que indirectamente provocó la muerte de mucha gente al colisionar dos en los Rodeos?”. Naturalmente, quién olvidaba tamaña tragedia, “El que puso la bomba fui yo”, me dijo. Recuerdo que quedé tan impactada que decidió no hablar ese día y citarme la noche siguiente con él en una dependencia de Infecar donde, casualidades de la vida, estaba toda la organización del programa Tenderete. Yo iba cada semana a verlos porque allí tenía familiares y amigos y me pareció el mejor sitio, el más seguro, para citarlo. Tenía la seguridad de que no aparecería y para mí sorpresa aquel hombre alto, fuerte, que conocí al volante de un coche, se presentó a la hora prevista. Lo tengo tan presente que podría decir como iba vestido; pantalón y chaqueta gris de raso. Recuerdo esa imagen porque mi amigo Carlos Abreu nos hizo una foto que acabé extraviando pero que todavía en casa la recuerda uno de mis hijos a quien le conté la importancia de aquella cita.

No diré el nombre de mi entrevistado porque no lo sé con exactitud y aunque lo supiera no lo diría porque desconozco si su delito ha prescrito. Tampoco sé si lo que me contaba aquel desconocido era cierto aunque luego sabrán por qué días después, no tuve dudas. Recuerdo con nitidez su relato: “La bomba se preparó en la calle Albareda y no tenía dentro más que tres boberías que no harían gran daño. Nosotros, los del MPAIAC, solo queríamos llamar la atención, hacernos ver para que los godos se fueran de aquí y eso. ¿Por qué me tocó a mí poner la bomba…? no lo sé. Recuerdo que fui al aeropuerto con un amigo y fuimos a comprar algo al bazar del aeropuerto donde ya teníamos decidido dejar la bomba para poco después desde la calle, llamar y avisar de que una bomba podía estallar”.

Mi estupor con ese relato era importante porque no entendía qué sacaba aquel hombre al confesar públicamente un delito de ese calibre. Más aun cuando no le importó dejarse fotografiar para el periódico. Luego, a lo largo de la entrevista, supe que su confesión tenía que ver con el estado de ansiedad que vivía desde que en 1977 puso la bomba. “Yo la puse y en la puerta del Aeropuerto me estaban esperando unos compañeros para alejarnos rápido de la zona y vernos más tarde en la casa de un militante que vivía en Tafira y cuya posición económica era buena. Cuando horas después me enteré de que la bomba, que no era más que una caja de zapatos envuelta en papel de regalo había provocado indirectamente tantos muertos, me fui a volver loco. Ya no podía dar marcha atrás así que nos llegamos a Tafira y allí todos los militantes, los pocos que éramos, nos quedamos un par de días en la casa. Vimos la televisión y cada vez que pasaban imágenes del accidente no sabíamos que hacer. A mi particularmente aquel hecho cambió mi vida; yo tengo mujer e hijos y no sabía que hacer. Uno tenía el sentimiento de una Canarias libre de godos pero de ahí a provocar una tragedia, no…”. La entrevista como digo fue larga, un par de horas; luego él cogió su camino y yo el mío. Quedé en mostrársela a mi director y le dejé muy claro que la decisión de publicarla la tenia él. Y así lo hice. Debía ser un sábado cuando le entregué la entrevista a Betancor Brito y quedamos en verla y desde luego publicar “esa exclusiva”. comentó Santiago, a quien esos temas le encantaban. Quedamos en vernos el lunes por la mañana para decidir los términos de su publicación.

Antonio Cubillo en 1973

El domingo por la mañana alguien tocó en mi casa de la calle Víctor Hugo de Alcaravaneras; una mujer quería hablar conmigo. Le dije que entrara a casa para que me contara: “Yo soy la mujer de…”, mi entrevistado. “Vengo a pedirle que por favor me devuelva la cinta y las fotos de la entrevista con mi marido. Él se ha quedado tan mal, lleva tanto tiempo en tratamiento psiquiátrico, que no puede vivir con la responsabilidad de haber causado de alguna manera la muerte de tanta gente. Hace tiempo que la buscaba porque quería contarlo para el periódico y conoce a un familiar suyo; pero sepa usted una cosa”, me dijo, “si mi marido sale en un periódico contando lo que hizo lo matan o lo detienen”. El desespero de aquella mujer me impactó tanto que de un cajón donde tenía guardada celosamente la entrevista, cinta y fotos, saqué el material y se lo di. “Gracias. Es que lo matan…”. Jamás supe de él. No sé siquiera si está vivo o muerto pero si me gustaría que ahora que han pasado tantos años, alguien, él mismo o quien en Las Palmas lideró este movimiento y al que hace años que no veo, me invitara a un café, a una charla. Tengo muchas dudas y ahora que Cubillo dijo adiós, es el momento.

Cubillo en una rueda de prensa hace años

El primer artefacto explosivo del Mpaiac, una bomba casera, estalló en el exterior del edificio de Galerías Preciados de la calle Mesa y López, en Las Palmas de Gran Canaria, el 1 de noviembre de 1976. Fue ésta una historia, de la actividad terrorista (de baja intensidad) del Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario, que duró dieciocho meses, hasta el atentado contra su líder, Antonio Cubillo, en Argel en abril de 1978, por encargo de los servicios de inteligencia españoles. La chapuza fue la tónica dominante de aquella guerrilla emprendida por Cubillo y los suyos ya que se trataba en la mayoría de los casos de bombas de fabricación casera y luego de la utilización de algunos kilos de goma dos en cada acto terrorista. En realidad de unos sesenta artefactos colocados sólo explotaron veintiocho. A esto habría que sumar robos, pequeños atracos y el intento siempre fallido del cobro del impuesto revolucionario a empresas en las Islas. A falta de una militancia mínimamente relevante en número y preparación terrorista, este grupo canario debió nutrirse en gran medida entre el lumpen insular, reclutando a delincuentes.

Aquel primer atentado en el entonces edificio de Galerías Preciados causó solo daños materiales, pero representó un gran impacto social pese a lo nimio de su factura material. La transición política acababa de comenzar en España y las Islas vivían un momento crítico: una grave situación económica (la primera gran crisis turística) y el abandono español del Sahara y, con ello, dio al traste de golpe con la actividad pesquera en el banco canario-sahariano y con la rexportación comercial a África, que era la segunda pata de los llamados puertos francos.

Y a ello se le sumaba el intento de venganza de Argelia contra España por la entrega del Sahara a Marruecos, sustanciada en el activo apoyo argelino a Antonio Cubillo y al Mpaiac para desestabilizar a las Islas. Con todo, antes de aquel primer atentado en Galerías Preciados, el terrorismo canario se estrenó con el secuestro finalmente fallido de un pequeño barco mercante canario en alta mar. Dos militantes independentistas enrolados a los efectos intentaron desviarlo al puerto de Orán. Pero las autoridades argelinas se negaron a admitir el atraque del barco, con lo que el Mpaiac optó por abortar aquella operación. Los secuestradores se tiraron por la borda y ganaron la costa argelina a nado. No fueron detenidos.

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