FIRMAS Marisol Ayala

Una vida de cine negro. Por Marisol Ayala

Una tiene los amigos que tiene y quiere a la gente que quiere, y a Fani, yo lo quiero. No dejo de reconocer, faltaría más, que su alocada carrera contra la pared le llevó a límites que no pudo controlar. Pero la vida es como es y los sentimientos, lo mismo. El jueves, entre café y café, recuperé al Fani de la juventud, al que siendo un brillante nadador, campeón del mundo de Salvamento y Socorrismo, guapo y divertido, se quitaba a las novias a manotazos. Tan guapo como ingenuo. Siempre he sostenido que Fani, niño bien, sobrino del industrial tabaquero Eufemiano Fuentes, en una magnífica posición económica, es el triste resultado de una vida tan cómoda, se le facilitó tanto, tanto, que acabó perdiendo la cabeza.

Conozco la vida de Fani desde los 15 años y ha sido una vida de cine, pero de cine negro, porque estar condenado por asesinato, que el niega, evidentemente, no es poca cosa. Fani está escribiendo su vida porque dice que nadie la conoce mejor que él y me ha pedido hacerlo juntos. No deja de ser una historia interesante pero tengo la impresión de que esa biografía que pretende tiene más de escapada que de realidad. La cárcel, lo dice, es dura y las horas había que ocuparlas. Ya ven; más veo a Fani ejerciendo como abogado cuando termine la carrera porque sabe lo que es bajar al infierno. No es casual que el eximente de la drogadicción le haya supuesto una reducción de condena. Una de las últimas imágenes que tengo de Fani antes de que estallara el “crimen del contenedor” es el callejón de las Chapas; traje y chaqueta oscuro y sentado en el suelo. En su limbo. Termino como empecé, uno tiene los amigos que tiene y quiere a los amigos que quiere. También eso es libertad.

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