FIRMAS Juan Velarde

Estafas en el más acá. Por Juan Velarde

Hay que ser muy pardillo en esta vida para tragarse que una persona que no te conoce absolutamente de nada adivine cosas de ti o sea capaz de ponerte supuestamente en contacto con tus antepasados. Niego la mayor porque todos estos adivinadores de medio pelo lo único que consiguen es aprovecharse de la desesperación de unas pobres gentes que confían un fortunón en ellos para luego montar un precioso edificio de fuegos de artificio que dejan tanta luminosidad como confusión. La capacidad de predecir es algo innato, que se tiene o no se tiene, no caben medias tintas y sólo conozco dos personas a las que la naturaleza ha dotado de esa especial habilidad. El resto, esos que salen por la pequeña pantalla, unos farsantes de tomo y lomo.

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Concretamente quiero referirme en estas líneas a una señora que se hace llamar Anne Germain y que es más falsa que un euro de madera o que un billete de seis euros, una personaje que ha conseguido a lo largo de estos años cautivar a personas con sus supuestas artes de médium, pero que en realidad no es más que una farsante nada fingida, una tipa que ha sabido montarse muy bien el negocio hasta que intentó pasarse de lista y entonces se le han venido encima todos los problemas.

La tal Anne Germain contaba con una niquelada red de colaboradores que le hacían el trabajo sucio, es decir averiguar todo lo posible sobre la vida de una persona, quién se le había muerto, enfermedades, capítulos relevantes, etcétera. En muchos casos, estos ayudantes lograban su propósito y nutrían a su jefa de los datos precisos para dar en sus galas públicas el golpe de gracia y erigirse ante los espectadores como la gran artífice de unir lo terrenal con lo espiritual. Sin embargo, desde que hizo el papelón con Santiago Segura las sospechas sobre sus métodos comenzaron a dispararse más rápido que la prima de riesgo española.

En definitiva, a esta señora la pillaron con el carrito del helado, sus adivinaciones o sus contactos con el más allá no eran nada milagrosas ni milagreras, sólo bastaba hallar a las personas adecuadas del entorno del personaje en cuestión para lanzar profecías de seguro acierto. Ojalá la tal Anne Germain coja las maletas y, como dirían en Canarias, se mande a mudar, pero que antes devuelva lo que con sus añagazas ha conseguido birlar a la gente de buena fe. Porque alguien dirá que la gente dio el dinero con plena libertad, pero nunca pensaron que iban a ser víctimas de tales engaños.

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