FIRMAS

Cada post, un striptease. Por Gorka Zumeta

Supongo que escribir, para ser leído, forma parte de un juego situado, a medio camino, entre el narcisismo y la necesidad de comunicar. Y ambas, podrían coincidir bajo el concepto de ‘terapia’: el seguimiento de un método que sirva de tratamiento para luchar contra esas carencias. He de confesar que, al menos en mi caso, el peso de mi labor al frente de este blog pasa más por la segunda razón apuntada, que por la primera. Un periodista, por naturaleza, necesita comunicarse. Para ello se ha formado durante toda su vida. Su trabajo implica, cómo no –negarlo rozaría la hipocresía- alimentar, en mayor o menor medida, el ego. Pero esto, en sí mismo, no es negativo, ni debe analizarse como un pecado contra el que batirse en duelo.

La entrevista a Julio César Iglesias  supuso un gran espaldarazo a este modesto blog. ¡Gracias, Julio!
El ego y la autoestima

El ego tiene que ver con la autoestima. La egolatría es el exceso de ego, el amor excesivo a uno mismo. Los excesos siempre son malos. Todos hemos conocido casos de personas que viven permanentemente en un charco ególatra, y no tienen por qué ser periodistas. Bien es cierto que no es lo mismo ejercer la profesión delante de una cámara de televisión, que hacerlo en una zapatería. La repercusión mediática multiplica el efecto, ¡qué duda cabe! Y también es cierto que vivir en ese contexto audiovisual, irreal, provoca desviaciones en la consideración del ego, derivándolo, en muchas ocasiones, hacia la egolatría.

Resulta difícil sobreponerse al “yo proyectado” a través no ya de la televisión, sino de la radio, o incluso, en menor medida, de la prensa o los periódicos, y evitar sentirse contagiado o atrapado por los síntomas en exceso vanidosos que conlleva trabajar en los medios. Sobreponerse a ellos es un ejercicio de madurez que cada uno debe afrontar cada día cuando se enfrenta a una situación real, fuera de su entorno profesional. En ocasiones, caer en este gravísimo error de considerarse el centro del universo tiene eximentes, por cuanto las estrellas, o los grandes comunicadores, viven rodeados de personajes, o personajillos, que les resuelven la vida, e incluso ejercen de filtros en su relación con el mundo real, protegiéndoles en una burbuja de plástico.
Trabajar sobre el «yo proyectado«Personalmente, ahora que estoy celebrando –permítaseme la autocita- las cien mil páginas leídas de mi modesto blog (¡GRACIAS infinitas!) que inicié en silencio, sin molestar, movido por esa necesidad de comunicar a la que me refería al comienzo de este post, me siento incómodo cuando se me acercan hablándome de usted, incorporando en el inconsciente de quien me habla, el concepto de “periodista conocido de la SER”, lo que hace retraer el contacto, tensionándolo hasta ver por dónde discurre mi reacción. A la edad, que influye, sin duda (las canas imponen, pero convivo con ellas hace muchos años…), hay que sumar el “yo proyectado” al que me refería antes. Y éste, como mantengo en mis clases de comunicación en ESIC, no podemos controlarlo al cien por cien. Pero sí podemos tratar de neutralizar en parte su cara negativa, añadiendo o subrayando elementos que contribuyan a aligerar las barreras que pueden levantarse ante los que trabajamos, de una u otra manera, en un escaparate.
El éxito de los amigos -Cristina Lasvignes- reconforta y enorgullece
El lugar que nos corresponde

Decía mi maestro y paisano Iñaki Gabilondo, que los periodistas –algunos, me permito matizar- se han erigido en muchos casos como “estrellas mediáticas”, como “jueces infalibles”, que otorgan a los diferentes actores de la escena pública casi su “permiso para ejercer”. Decididamente, hemos equivocado los roles. El propio Gabilondo me enseñó que “si se sienta delante de ti, frente al micrófono, un médico, sabe mucho más de medicina que tú; si es un músico, sabrá de música más que tú”, y así sucesivamente, con todos los oficios. El periodista debe situarse un escalón por debajo del entrevistado, y mantener una postura respetuosa ante todo el mundo. La definición de periodista que he escuchado alguna vez “maestro de nada y alumno de todo”, coincide bastante con mi manera de ver las cosas. En mis clases, tanto de radio como de comunicación, y después de confesar públicamente que no soy, en absoluto, el “Oráculo de Delfos”, me desnudo públicamente diciendo que, a pesar de mi experiencia (cuyo origen hay que buscarlo en la inevitable condición de sumar años en un oficio), sigo teniendo más preguntas que respuestas. Y esto, creo, debe ser un periodista: una persona que intente explicar a los demás, de la manera más honesta posible, el gran escenario en que se desarrollan sus vidas, con sus luces y sus sombras.

Recoger y agradecer afectosEn el nuevo camino que he emprendido, como promotor de este modesto blog que está cogiendo cuerpo, poco a poco, lo que celebro cada vez que certifico las estadísticas de su lectura, me he encontrado con mucho cariño, respeto y admiración, perdóneseme la inmodestia, de la gente de nuestro oficio. En las recientes Jornadas de Radio 2.0 que se celebraron en Madrid, a las que su promotor, Nicolás Moulard, tuvo el detalle de invitarme, me reencontré con compañeros que, como yo, se están reciclando en el nuevo contexto que estamos viviendo, y palpé el afecto volcado en la relación, al que por supuesto correspondo. José Joaquín Brotons, el gran maestro del periodismo deportivo de este país, me citó en público durante su intervención, en tono elogioso, y yo creí hundirme en el sillón, sonrojado por la alusión. No fue la única del día. Mi natural condición de persona retraída, que yo siempre asocio con mi origen guipuzcoano, y contra la que he tenido que luchar siempre para ejercer mi profesión, mucho más extravertida que yo, siempre me ha hecho embarazoso el camino del halago. Pero, entiendo que, en ocasiones, no sólo sea placentero, sino hasta necesario para superar los obstáculos que día a día nos pone el destino delante. Y lo que siempre he sido, esto sí, es agradecido por tanto cariño que estoy recibiendo.
Espacio para la reflexión en tiempos difíciles
Ninguno de los colegas a los que he invitado a expresar en este blog sus opiniones, en forma de entrevista, se ha negado a participar. Solo con una excepción, provocada no por quien pregunta, sino por el propio entrevistado, al no considerarse una persona con suficiente peso y bagaje como para justificar su presencia aquí, algo con lo que yo, desde luego, no estaba en absoluto de acuerdo. Pero, aunque no renuncio a tenerle, respeté su postura. Doy gracias públicamente a todos cuantos, hasta ahora, han creído que este blog podía canalizar sus opiniones con eficacia. Seguiré en este empeño, intentando mejorar.
Mi amigo José Antonio Páramo, una de las entrevistas más leídas
Entiendo necesario disponer de un espacio para la reflexión sobre nuestro oficio de comunicar en general, y el de radiofonistas en particular. Más, si cabe, en las actuales circunstancias, en las que el camino no está nada claro. El futuro está repleto de incertidumbres y el oficio está, como dirían los aficionados a la esgrima, touché.Pero aquí se están alzando voces que hablan, en positivo, de caminos alternativos, de posibilidades ciertas, de patrimonios malheridos pero recuperables. Voces, en definitiva, que, con su tesón, están demostrando que nuestro oficio seguirá siendo necesario en una sociedad empachada virtualmente de presunta información, donde resultará vital seleccionar entre contenidos, atendiendo a su calidad y credibilidad.
Y concluyo dando gracias a quienes me siguen, porque consideran que puedo aportarles luz al final del túnel; la misma que, impenitentemente, sigo buscando para mí.

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