FIRMAS Juan Velarde

PP: Sí al despilfarro, no al disenso. Por Juan Velarde

El PP sigue haciendo y ejecutando la política del ‘Donde dije digo, digo Diego’. Si en 2010, estando en la oposición, criticó el derroche de 350.000 euros de los traductores simultáneos del castellano al catalán, gallego y vasco y viceversa, ahora resulta que en comandita con el PSOE asegura que no piensa eliminar ese servicio, que ahora le parece chachi piruli que en la Cámara Alta se hablen todas las lenguas habidas y por haber.

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Vamos, que se ha puesto la formación de Génova 13 en plan babilónico y aquí, como nos sobra el dinero, venga a despilfarrar. Total, la factura ya la pagamos entre todos, que no toca a nada, sólo a unos centimitos, que se suman a los que pagamos por coches oficiales, viajes, cámaras territoriales, televisiones autonómicas, instituciones de dudosa valía y así un largo etcétera de gastos inservibles.

Insisto en que si algo afecta en demasía al PP, al margen de incumplir sus promesas electorales y de que está haciendo bueno al PSOE de Zapatero, es su pésima política de comunicación, una suerte de ineptos al timón, comandados por Martínez Castro (más conocida por Carmen, por favor), que están dejando al Ejecutivo en paños menores y con la cara más colorada que un tomate murciano. No sólo no han cumplido lo prometido, sino que tampoco saben explicar por qué han cambiado su programa de manera diametral.

Este Gobierno, y no soy dudoso de ser lo más alejado a convertirme en el biógrafo de cabecera de Ferraz, está más preocupado, cual ‘Rastreator’ en perseguir y acallar a las voces críticas siguiendo los métodos clásicos y tradicionales. A los enemigos de siempre, más concesiones, más antenas, más frecuencias y más campañas publicitarias. A los que les han aupado hasta el poder contando y contando todos los disparates de los siete años anteriores, ni agua, cero patatero y como sigan alzando la voz, ahogarles económicamente hasta que no tengan más remedio que echar la cancela.

Es evidente que a este gabinete rajoyano le gusta la variedad de lenguas, pero no de opiniones, sobre todo cuando éstas difieren de la línea oficial, de un discurso omnímodo donde no hay lugar al debate ni mucho menos al rebatimiento de unas posiciones que pueden estar perfectamente erradas. Pero bueno, tampoco nos vamos a sorprender a estas alturas de cómo funcionan los políticos sean de una acera o de otra o incluso del mismísimo centro de la calzada. Al final acaban atropellando siempre al más débil, al ciudadano.

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