FIRMAS Marisol Ayala

La vida de un bebé está en juego. Por Marisol Ayala

Serán muchos los padres que no olviden jamás este nombre: José María Brito, palmero, pionero de la cirugía cardiaca infantil en España. Fue él quien puso en marcha el servicio de Cirugía Cardiaca Infantil en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid en los años sesenta y quien atendió la llamada desesperada de la sanidad canaria para trasladarse ilusionado al Hospital Materno en el año 2000. Al borde de los 65 años, con la jubilación pisándole los talones, la alargó, dejó Madrid y se vino como jefe del Servicio en la Unidad de Cirugía Cardiaca Infantil en el Materno a cuyo departamento le dedicó toda su sabiduría hasta que cumplió los 71 años. Quería hacer cosas por la tierra que le vio nacer y nada mejor que salvarle, junto a su equipo de cirujanos, la vida a tantos niños enfermos coronarios graves; durante sus cinco años operó en el hospital a 600 bebés a los que alejó de una muerte cierta.

Desde que Brito llegó a Las Palmas se puso la bata verde y aquel hombre alto, rudo, de tez morena y pelo cano nos mostraba entre sus manos grandes, poderosos, a bebés enfermitos a los que les hablaba con mimo, “te vamos a sacar adelante, tú vas a vivir…”, les prometía. Y acertaba. Más de quince años cubriendo informativamente la sanidad en Canarias me ha servido para conocer su entramado, sus buenas y sus malas personas, sus chanchullos y sus intereses. Y entre esas buenas personas, generosas y entregadas que conocí, figura el cirujano Brito, el “palmero”, como le llamaban, que alquiló piso en la Avenida Marítima para acudir caminando, de paseo, cada día al Materno a ver a sus niños.

Durante los cinco años en el hospital Brito y su equipo, entre ellos Saúl García, recuerdo, colombiano, operaron y le salvaron la vida a 600 niños canarios cuyos corazones no andaban con destreza, no. A veces amenazaban con pararse. Pero el tiempo pasa y a Brito le tocó colgar la bata. Se fue, le despidieron con afecto y nunca supimos más de él. Vive, me dicen, en Las Palmas de G.C. y supongo que con la sensación del deber cumplido pero…Brito ya debe saber que a solo seis años de su adiós el servicio médico de sus sueños, la cirugía cardiaca infantil en el Materno ha dado tal vuelco que los gestores de la Sanidad Canaria han decidido cerrarla a cal y canto.

Así se escribe la historia. Repasando estos días las decenas de entrevistas que concedió en algunos medios, creo percibir una decepción en la que no reparé entonces. “En muchas ocasiones cuando operamos a un bebé se lleva a cabo una cirugía salvadora porque se trata de niños que tienen su vida al límite. En estos cinco años unas 600 familias canarias, familiares de bebés enfermos, no han tenido que trasladarse a la península para operar a sus hijos; y esto está bien porque la gravedad de estas intervenciones es tan alta que a los padres se les pide que firmen una autorización informándoles de todos los pros y los contras”, contaba. Pasado el tiempo, pasados ya los seis años desde que Brito colgó la bata hay que ver cómo han cambiado las cosas. Cierran la unidad y los niños canarios a los que tanto mimó, por los que tanto se desveló, tendrán que volver a Madrid para ser operados. En La Paz o donde sea, pero no cerca de casa.

Eso sin mencionar el dato vergonzante de 24 euros de dieta que el SCS le “regala” como dieta a un acompañante del enfermo durante la estancia. Cuando leemos lo que hemos leído estos días sobre el cierre de la unidad yo no he podido evitar darle marcha atrás al reloj y situarnos en hace casi veinte años cuando la sanidad canaria, maltrecha, mal gestionada, manga por hombro, sometía a los enfermos a dolorosas y crueles tournées para ser tratados en Madrid o Barcelona. En el caso de la Cirugía Cardiaca Infantil, cuya implantación en Canarias celebraron los gestores del momento como un gran logro. Escucho a Pedro Suárez como actual Jefe de la Unidad decir sin disimular su enfado que con los traslados a Madrid de niños en tan grave estado podemos vivir tragedias, muertes, como ya lo vivimos cuando hace unos años un avioneta que salió del Materno con un bebé grave se estrelló y murió un anestesista. Un bebé trasladado en tal mal estado es un riesgo añadido. Pero ya ven; operar a pocos -hablan de solo doce- bebés gravísimos al año no es rentable para el sistema sanitario de forma que ante eso mejor cerramos y nos dedicamos a vender churros.

Quisiera que alguien, la misma consejera o expertos le explicara detalladamente a la sociedad canaria porqué se ha llegado a esto y si no es más que suficiente, tal como creemos muchos, que salvar una sola vida justifica todos los gastos que se ocasionen. Todos. Los que estamos en la parte de acá debemos ser unos tremendos batatas porque no entendemos nada. Solo entendemos el dolor, la angustia, el desespero de madres y padres que tienen a sus bebés enfermos, pendientes de ser operados de una intervención de corazón; y que ahora a la angustia de esa intervención hay que añadirle la espera y el traslado. No sabe Paulino Rivero como le agradecería que sacara cuentas en la plaza pública y nos convenciera de que la decisión adoptada es la mejor, la única. Decir, tal como he escuchado a la consejera de Sanidad, que “la calidad asistencial de los bebés no se verá resentida” parece un chiste malo.

Poco crédito tiene esa buena mujer para hablar de algo que exige tanta especialización. En los once años de vida de la unidad se han realizado unas 1.000 intervenciones en cuyas vidas pendían de un hilo y hoy juegan en nuestros parques. “Tenemos una gran calidad comparable a los centros donde se realizan más de 300 intervenciones al año. Deberíamos tener un 15% de mortalidad y en cambio sólo tenemos un 4%. El objetivo no es el volumen, sino la calidad”, han dicho los facultativos. De cajón.

Y a todas estas, ¿que pensará Brito, el cirujano que dejó Madrid para poner en marcha una unidad que desde el 1 de enero no existirá?. Lo imagino.

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