FIRMAS Salvador García

El hombre que siempre quiso saber más. Por Salvador García

Su aparente estado de seriedad permanente apenas disfrazaba el talante desprendido y generoso que acreditaba su personalidad. No digamos el humor, la sorna con que adornaba muchas conversaciones y vivencias. Observador, servicial, atento, humanista… procuraba que nada a su alrededor le fuera ajeno.

Así era Ignacio Torrents González, un portuense afincado en la Villa de La Orotava, donde casó, funcionario del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, fallecido hace pocas fechas y a quien debemos estas líneas. Pese a esos factores de distancia, Ignacio jamás perdió su condición de portuense. La lucía donde podía, donde le dejaban, donde con orgullo la proclamaba sobre todo a la hora de recordar situaciones y personajes.
Sin presumir de ella, tenía buena memoria. En ella almacenaba claves de humor local, como heredero de aquel estilo que caracterizó la convivencia durante décadas de un pueblo, con “un mal Círculo de Iriarte, donde cuatro ranilleros hablan de ciencias y arte”. En la posguerra y hasta bien entrados los años cincuenta, en el Puerto de la Cruz de las lenguas, viperinas y de las otras, cuando los celos y las rivalidades personales se libraban a base de versos anónimos que circulaban clandestinamente y cuando el uso de mensajes e indirectas para criticar sustanciaba agudas interpretaciones, Torrents debió añadir a sus asignaturas del peritaje industrial y de la profesión que ejercería el espíritu y el imaginario de un pueblo que abría paso a la modernidad resistiéndose a perder su costumbrismo y sus señas de identidad.
Ignacio, con el tiempo, se haría periodista, mejor dicho, licenciado en Ciencias de la Información. Su afán por ampliar conocimientos era evidente. Hizo bueno desde luego lo del saber no ocupa lugar. Del peritaje industrial dio el salto, organizado metódicamente como le gustaban las cosas, al mundo de las letras y las ciencias sociales. Y es que tenía vena de escritor. Le apasionaban los medios de comunicación y la lectura. No quedaba acto social, conferencia, exposición o sepelio al que asistiera en el que no comentara una publicación reciente. Y no fue de los que se ancló o refugió en el pasado, precisamente. Lo demostró en varias ocasiones, cuando apareció en las versiones televisivas de la Tertulia Villera que coordinaba Bruno Álvarez. O cuando leyó el pregón de una Semana Santa portuense en el que expuso no sólo creencias sino convicciones de su filosofía de la vida y del mundo.
Ignacio Torrents González, probo y respetado funcionario municipal, vivió con entusiasmo el retorno y la consolidación de la democracia. Buen conversador y atento a lo que decían terceros, siempre preguntaba por antecedentes familiares de alguien que le presentaban o no conocía lo suficiente. Su vida, a caballo entre La Orotava, el Puerto y Santa Cruz, fue modelo de inquietud social y rectitud familiar.

Un hombre que siempre quiso saber más. Así será recordado.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario