FIRMAS Juan Velarde

Derroche senatorial ‘on line’. Por Juan Velarde

Medio millón de euros, esa es la cantidad que el Senado se ha pulido en renovar su página web al albur de que será una herramienta fundamental para el contacto con la ciudadanía, de que mejore la comunicación entre los miembros de la Cámara Alta y los ciudadanos, que podamos hacerles llegar no sólo nuestras quejas, sugerencias, preguntas y demás, sino también controlar qué actividad desarrollan. Es decir, nos venden la bonita y edulcorada historia de que ahora vamos a ser los guardianes y vigilantes de su vida parlamentaria.

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Es curioso que nadie, al menos de los grupos más representativos, ha puesto el grito en el cielo. Todo lo contrario, todos se suman a la fiesta del derroche generalizado, a meter la mano (honradamente, claro) en la lata del gofio de los presupuestos para rediseñarse una nueva web porque la que tenían, mire usted, ya no les servía, era una especie de caca de la vaca. Vamos, creo que si ustedes preguntan a cualquier persona y le cuestionan ya no por sus diez primera preocupaciones, sino por sus mil metas a conseguir en esta vida, seguro que no aparece en ellas la necesidad de mejora de la web del Senado.

Podemos convenir en que dentro del gran océano, del marasmo de gastos y prebendas varias que al final hay en cualquier esquina y resquicio del Estado, ese cerca de medio millón de euros para renovar la web de la Cámara Alta no es una cantidad excesiva, que hasta se la puede calificar como el chocolate del loro, pero es que hay demasiados chocolates del loro en este santo país y al final las cuentas no salen y luego para poder tener el juguetito on line hay que meter la tijera en otros aspectos fundamentales, pensiones, sanidad, educación, etcétera.

Y no olvidemos otro detalle fundamental, el Senado, a día de hoy, tiene la misma importancia y relevancia que los canteranos en el Real Madrid, está ahí a título de inventario, es puramente decorativo, una verdadera fachada hueca que sólo sirve en algunos casos para retrasar ciertas leyes porque quien parte y reparte el bacalao en España es el Congreso de los Diputados. Y si ni siquiera los ciudadanos ven útil lo que hay dentro de la Carrera de San Jerónimo, menos aún se le ve una finalidad efectiva a la Cámara Alta.

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