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El absurdo ‘affaire’ Abubukaka… Ka, ka, ka. Por Eduardo García Rojas

 

No puedo, por mucho que lo intento, encontrar algo de lógica a la decisión adoptada por  la dirección de la Televisión Canaria de omitir el lunes pasado la emisión del segundo programa del grupo Abubukaka.

Y no, no alcanzo a ver la cuadratura del círculo tras mirar el dichoso sketch que, al parecer, provocó que se tomara esta decisión.

Los de Abubukaka se han apresurado a colgar el video censurado en You Tube mientras anuncian en un comunicado de prensa que se desvinculan del canal autonómico canario, lo que ha generado una curiosa polémica en las redes sociales e incluso a nivel político donde varios diputados de esa casa en la que por hacer, no se hace nada como es el Parlamento regional, han manifestado su indignación “por la censura“.

No creo, sin embargo, que nadie de los que claman libertad de expresión y un siempre sano espíritu para reírse de sí mismo haya visto realmente el vídeo que desató la tormenta que agitó las casi siempre tranquilas aguas de este lado del Atlántico.

Salvo por su murguera visión del mago canario, personaje que ha sido objeto de burla en estas olvidadas islas desde que tengo uso de razón, ese peaso al rojo vivo que despertó la cólera de quien decidió omitirlo no es tan rojo ni tan vivo.

Más bien, seamos francos, es una mediocre memez.

Como memez ha sido la decisión de la Televisión Canaria de no emitirlo porque quizá podría –es un suponer– indignar al mago que todos llevamos dentro. Esto incluye al presidente de este Gobierno que nos pierde…

Lo dramáticamente chistoso de este asunto, por si tiene algo de chistoso porque a mi, personalmente, puñetera gracia me ha hecho el puñetero sketch, es lo mal que han llevado este asunto los responsables de La Nuestra, que es la Suya.

Ya sabe, ya saben… La de Ellos.

No sé, hubiera bastado un encuentro con los integrantes de Abubukaka y explicarles que visto los resultados: el espacio, bubukakas, no nos convence.

– No nos hace reír. Aprendan, caballeros, de En clave de Ja

– Ehhhh…

– Personajes y guiones trabajados… Ya saben. Y no la payasada a las que ustedes recurren…

– Es que hacemos otra cosa, sabe usted.

– Pues por eso mismo. Si no nos interesa es que no interesa a la audiencia.

Por eso, digo, que lo molesto del affaire Abubukaka es la forma en cómo se les ha ido la pinza a los cerebros grises de la Televisión Canaria.

No les perdonaré por eso jamás de los jamases las apetitosas expectativas que había depositado en mi imaginación ver el episodio censurado de los de Abubukaka.

¿Paulino Rivero brutalmente sodomizado por los acreedores?

No.

Entonces, tras ver el sketch decepcionado me pregunto:

¿Merecía la pena censurar el programa ante la broma de colegio mayor que castiga mis emocionados y posteriormente decepcionados ojos?

No.

Otra cuestión: ¿Es que nadie de la Televisión Canaria vio los trece episodios que, es un suponer, grabaron y entregraron los de Abubukaka para su emisión?

Porque se trataban de trece episodios grabados ¿verdad?

Puestas así las cosas ¿Qué estupidez ha sido ésta?

Un poco más lejos:

¿Es que no hay nadie en la Televisión Canaria con dos palmos de frente?

Es decir, ¿cómo se puede haber metido tan a fondo la pata?

¿Colgarán al responsable?

O no pasa naaaada

Que mañana esto se olvidaaaa.

Ya saben, cosas de La Nuestra que es La Suya.

Es decir La de Ellos.

Lo único bueno es que los de Abubukaka por un sketch tan simplón y poco imaginativo como el que le han censurado suenan  ahora en las redes sociales al mismo tiempo que se convierten, involuntariamente y lo quiero pensar así, en adalides de una libertad de expresión por una payasada pueril que carece de cualquier lectura intelectual y crítica que se precie.

Claro que, demonios, qué se le va a pedir a una Televisión que vende una quimera.

Un penoso fantasma que recorre las siete islas e islotes que conforman esta desvertebrada región de una España autista a la que parece que le da miedo ser ella misma.

Así que partiendo de la base de que el sketch de Abubukaka no tiene puta gracia. Y si la tiene, sabrán ellos donde está la ciencia… Menos puta gracia tiene la decisión adoptada por una Televisión Canaria hoy más tonta que nunca porque debe pensar que debe servir más que para integrarnos como región, para sedarnos…

La caja tonta nos aplatana.

Y es que la cosa, diablos, podía haberse hecho de otra forma.

Es decir, que los responsables de la Televisión Canaria podían haber actuado con una pizca de elegancia e inteligencia de la que, obviamente, carece.

Así que no.

No.

Es mucho pedirle a una Televisión de magos que entienda la torpeza que ha hecho al censurar por la puta cara tan poquita cosa a otros magos –como son los de Abubukaka– por un programa que, visto lo visto, proponía eso: otra lectura de un espacio de magos.

Y magos somos todos.

Lo escribe –yo confieso– alguien muy frustrado tras ver un sketch que esperaba definitivo. Revolucionario. Agitador. Rompedor.

Y….

Castración.

O como cercenar mi nihilista expectativa de mago con ínfulas intelectuales.

Será cosa de que ya no tengo edad para reírme de lo que hacen los iluminados gamberros de Colegio Mayor…

Y es que cosas así suceden todos los días en esta tierra en la que me ha tocado vivir lo que me queda de partido existencial.

Alguien escribe hoy que la Revolución Francesa comenzó con un chiste.

Y no, no fue ningún chiste lo que provocó aquella llama en la que todavía creo.

Fue un eficaz aparato de propaganda capaz de hacer pensar a los franceses de su tiempo que su Reina, María Antonieta, fue capaz de recomendar a los muertos de hambre que comieran pasteles.

El problema es que los franceses de aquel tiempo no tenían ni para pan ni para pasteles.

Como las Canarias en la que vivo.

Vaya.

Y de esto no habla el presunto, corrosivo y polémico sketch de los de Abubukaka.

Que es, seamos francos, una kaka.

Una kaka.

Saludos, ka, ka, ka, desde este lado del ordenador.

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