FIRMAS Salvador García

Reducir la incultura. Por Salvador García LLanos

Como uno tiene esa vocación de aprendiz permanente, siempre llaman la atención aquellas afirmaciones que permiten tomar el pulso al ejercicio profesional. Sobre todo, porque fundamentan la autocrítica que hay que llevar a cabo, independientemente de que se exteriorice o no.

Desde México llega el último de los testimonios que nos invita a reflexionar en el sentido apuntado. Se trata de Alma Delia Fuentes, redactora o editora-jefa de CNN México, quien se muestra contundente a la hora de manifestar:

– Lo que mata la calidad del periodismo es la incultura de los periodistas, la mala preparación que reciben en las universidades. Terminan la licenciatura y no saben hacer una nota. No leen, no saben preparar una entrevista.

En efecto, una formación deficiente, que sólo se compensa con una práctica continuada y con una atención constante a cuantas correcciones te puedan hacer, influye decisivamente a la hora de elaborar y acabar cualquier producto periodístico. El desconocimiento condiciona el procesamiento de datos, informes y las fuentes de que nutrirse antes de hablar o escribir. Y editar o publicar.

Todos tenemos alguna experiencia con la que contrastar estas limitaciones que, incontroladas, pueden desembocar en episodios ridículos o hilarantes. Es normal que no se sepa redactar un suceso, por muy elemental que parezca o en donde no se han producido víctimas. Se puede entender que el encargo de la crónica de un concierto resulte fallido si no se conoce la trayectoria de los intérpretes o no se distingue el viento de los teclados. Es a base de leer, de ilustrarse, de consultar, de preguntar cómo se superan todos esos vacíos. Pero si a la ignorancia se suma la falta de humildad, la impermeabilidad a aceptar correcciones, revisiones o críticas, la obligación de informarse mejor, el desaguisado es de incalculables proporciones. Por fortuna, no todos los neoperiodistas se comportan así: hay quienes admiten una llamada de atención, una sugerencia, una supresión de párrafos o un cambio de titular. Es por su bien.

El periodista debe superar esa carencia de cultivo o de cultura con su propio esfuerzo. Debe ser una motivación añadida para crecer y para progresar. Leer más, escuchar más, no creerse en posesión de la verdad, contrastar las fuentes, reconocer que puede haber más de un punto de vista, superar prejuicios… Lo dicho: aprendiz permanente. No importa pasar por un ‘machaca’.

Alma Delia Fuentes hace una apostilla a su afirmación:

– A ti y a mí nuestros maestros nos decían que para ser periodistas había que leer las veinticuatro horas del día e informarnos, incluso en vacaciones.

Cuánta verdad. Uno les recuerda ejerciendo su magisterio con un claro criterio de mejorar el oficio. Y de evitar que la construcción sintáctica careciera de sentido o resultara ininteligible. O de modificar la introducción de la noticia de alcance.

Claro que el tiempo es un apremio. Y la inmediatez. Y la fiabilidad. Pero las exigencias para informar u opinar, para relatar o entrevistar, entrañan la seguridad de contar con un bagaje cultural que favorezca, incluso, salir airoso cuando se registre una contingencia adversa.

Este es un oficio que hay cuidarlo desde dentro. Cierto que ha habido muchos osados y que la libertad de expresión y el elevado número de plataformas -donde no ha existido la más mínima preocupación por mejorar y cualificar sino por rellenar, ingresar y explotar- han propiciado situaciones que avergüenzan. Luego, en las manos de los propios periodistas está que el oficio no se siga degradando.

A culturizarse.

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